Venimos
escuchando y leyendo las reiteradas afirmaciones de todo el arco político
socialdemócrata, y de ahí hacia la izquierda, como por otra parte no podía ser
de otra forma, en contra de las políticas de austeridad, incluidas por
supuesto, las de algunas personas galardonadas con Premios Nobel, completadas
con extraordinarias alabanzas de las políticas de gasto, según todos ellos
generadoras de crecimiento. Es también extraordinario leer cómo uno de esos
premiados afirma su intolerancia hacia quienes dicen estupideces, además de
presumir de haber acertado en según qué predicciones había hecho en el año 2010
sobre lo que está ocurriendo ahora (2012), y afirma que va a ocurrir en los
años siguientes, amenazándonos con todos los males habidos y por haber. Pues,
amigo lector, el Premio Nobel Balseiro (hombre, si algunos de estos gurús han
obtenido tal galardón ¿qué tiene de extraño que este servidor de usted, que
escribe estupideces parecidas, se adscriba a tal premio? Claro que los apologetas de los tales nobeles
ya se apresuran a decir que, claro, que al menos a uno de ellos, el Premio
Nobel se lo concedieron por sus trabajos de investigación en otros campos
diferentes a aquellos sobre los que, con igual derecho, usted y yo nos
pronunciamos. Permítame compartir con usted algunas estupideces, con las que me
diferencio de los otros.
En
primer lugar, para este servidor de usted, expresar opiniones en y con libertad
no es materia de intolerancia, si acaso, y no en todos los casos, lo sería de
perplejidad. Para un cristiano liberal, la intolerancia se despierta sólo
contra los intolerantes; y para eso, exclusivamente desde una perspectiva
dialéctica. Bien, despachar un asunto como éste en dos o tres puntos y seguido
conduce inexorablemente al error, que espero que usted sepa disculpármelo, en
aras de una arriesgada simplicidad, porque no hay que agotar los temas de una
sola vez ¿no le parece?
En
segundo lugar, si hubiese que presumir de predicciones acertadas, el Premio
Nobel Balseiro lo hizo ya en 2007; y estoy completamente seguro de que usted
también, pero a usted no se lo concedieron ¡vaya a saber por qué!, como tampoco
le concedieron, ni se lo concederán créame, por estar sufriendo desde entonces
las consecuencias de políticas totalmente desacertadas llevadas a cabo por los
socialdemócratas, y de éstos hacia la izquierda, cuando tuvieron las riendas
del gobierno.
En
tercer lugar, y caballo de batalla, oponer austeridad y crecimiento, supone
ignorar el verdadero significado de los términos, cuando no utilizarlos en
defensa maliciosa de determinados
intereses políticos y económicos. Afirman que el crecimiento se fomenta con un
incremento del gasto público, y para ello se apoyan en las políticas sugeridas
por J. M. Keynes, y aplicadas en el New Deal de Roosevelt para sacar a los
EE.UU. de la depresión de 1929. No tienen en cuenta, o no les interesa tener en
cuenta, en su inventado neo-keynesianismo, que en el moderno concepto de
“subsidiaridad del estado”, además de necesarias inversiones, naturalmente que
se incluyen políticas de gasto y consecuentemente son aceptables determinados
niveles de déficit público; no les interesa tener en cuenta que en la
determinación de dicho déficit, y por consiguiente de la deuda, el propio
Keynes ponía los límites en la capacidad de generar subsiguientes superávits
fiscales suficientes para cumplir con los compromisos de pago. Por otra parte,
si algo ha diferenciado a los EE.UU. de la mayoría de las naciones a lo largo
de su historia, es la búsqueda permanente de eficiencias en la utilización de
sus recursos, y la persecución del despilfarro ha estado siempre presente,
aunque con variadas experiencias de éxito.
Así
puestas las cosas, el “post-keynesianismo” del Premio Nobel Balseiro (tan falto
de verdad lo uno como lo otro), implica lo que también reiteradamente éste
viene sosteniendo: aplicar medidas de austeridad, entendidas como la
eliminación de todo gasto inútil e ineficiente, es decir, despilfarro (no
entiendo por qué tengo que insistir tanto en ello), y los recursos así
liberados utilizarlos en la mejora de las estructuras productivas, en el
fomento a la creación, en la mejora de las condiciones de trabajo
(tecnológicas, salariales y de regulación) … en suma, en todo cuanto represente
generación de riqueza y un aumento de la competitividad ¿Podría alguien
responderme si las subvenciones incontroladas a los sindicatos, a los partidos
políticos y a las organizaciones empresariales, junto a una cantidad ingente de
organizaciones que suplantan a la ya de por sí pesada estructura del Estado, se
sitúan en la línea de los dos aspectos apuntados? ¿A qué obedece que España
tenga un número exorbitado de de cargos políticos? Sr. Rajoy, siga usted
repensando el Estado, pero no tarde en actuar con profundidad en estos campos.
Si lo hace, verá usted como gana en credibilidad, dentro y fuera. Como también
la ganará si premia usted a quien hace bien los deberes, y no transige con
quienes hacen recortes en áreas sensibles e imprescindibles, y no eliminan
“embajadas, televisiones, aeropuertos fantasma … usted ya me entiende ¿o no?
Por insistir … que no quede.
Salve, como siempre.
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