Hasta
la saciedad es necesario insistir en las reformas. Y esta atalaya de hoy va muy
especialmente dirigida el Presidente del Gobierno, y si me lo permite usted,
amigo lector, porque el Sr. Rajoy no tiene más remedio que permitírmelo, lo
hago con carácter conminatorio; y no lo haré solamente hoy, sino cuantas veces
lo considere necesario. Y, óigame, en esto, sigo contando con el apoyo de ese
otro que me acompaña en forma incorpórea y nunca esta compañía exenta de arduas
discusiones. Pero en eso estamos, en la pertinaz insistencia de que el Sr.
Rajoy no puede detenerse en lo hecho hasta ahora ¿Qué digo detenerse?
Comenzarlas en serio ¡eso, es lo que tiene que hacer! Porque, hasta ahora,
existe una gran diferencia entre las intenciones y los hechos, entre lo que se
ha publicitado mal –muy mal-, o explicado muy mal, que son cosas bien
distintas, y lo que realmente se ha puesto en marcha. Y lo que es peor, que no
parece enterarse de las causas que están frenando nuestra credibilidad
internacional, y lo que con tanta intensidad mediática, se llama confianza de
los mercados, a lo que este servidor le añade la confianza de nuestros socios.
¿Qué es lo que falta entonces? Una vez más se lo voy a indicar. Falta una verdadera
reforma de la administración pública, y abordar de una vez la supresión de
todas las estructuras sobrantes, redundantes; entre ellas, reducir a términos
soportables y comparativamente equiparables, el escandaloso número de cargos
políticos (va siendo hora de que al esfuerzo que se nos está exigiendo a los
ciudadanos se compadezca con el de la propia clase política, que parece querer
seguir viviendo como si éste no fuera con ella). Eso no admite demora. Me
alegra muchísimo comprobar hoy, en una determinada Quinta (su autor, estupendo
amigo, sabrá que a él me estoy refiriendo), cómo se pone énfasis en este
asunto, así como en otros, sin que ello tenga por qué conducirle a abdicar de
su conocida tesis de apoyo al desarrollo, en la que no discrepamos ¡faltaría más!,
pero que yo me permito insistir en la mía: que sin austeridad no hay
crecimiento posible, y ¿qué otra cosa, sino austeridad, es la eliminación de lo
inútil, ocioso, inservible, redundante, oneroso …? Celebro la coincidencia ¿Cómo se van a fiar de nosotros con toda esta
carga sobrante?
Falta algo tan trascendente que si no se aborda y resuelve, nos convertirá a
todos en sujetos huérfanos de seguridad jurídica y de garantías verdaderamente
democrática. Sr. Rajoy tiene usted que arreglar la escandalosa situación de la
Justicia, y de las instituciones que a ella han de servir. Mientras una
innumerable cantidad de jueces, fiscales y su respectivo personal auxiliar,
cumplen escrupulosamente y aún más, con certeza, con sus obligaciones en los
tribunales ordinarios, otros, revestidos, investidos y en todo caso autoatribuídos,
de no se sabe qué patente, o inspiración subliminal, sean jueces, fiscales, o
asimilados que de todo hay, se pasean pomposa y hasta ofensivamente, exhibiendo
actitudes y sentencias que vienen a demostrar la todavía deficiente calidad de
nuestra joven democracia ¿será porque es joven? con todo el conjunto de
virtudes y defectos que ello comporta ¿Cómo se van a fiar de nosotros?
Debo
reconocerle, Sr. Rajoy, respecto al sistema financiero, que me complace que
defienda usted que el famoso préstamo que nos concederá Europa, lo sea
directamente a los bancos y no al Estado. Manténgase usted firme en ello, que
esa firmeza, aunque parezca que no, nos reportará una buena dosis de crédito
como país. Verá usted como la propia Alemania se lo reconoce. Castíguele usted
el hígado al principal partido de la oposición, aún en contra de lo que le
aconsejen sus áulicos asesores, porque lo mismo defienden una tesis que la
contraria, en una especie de esquizofrenia de la que no serán capaces de salir
sin previamente proceder a una catarsis generalizada, tanto en ideas y
conceptos como en personas. Manténgase usted fuerte en un modelo de Europa que
integre políticas e instrumentos, y que la saque de la vagancia en la que se ha
sumido en las dos últimas décadas; también Europa, sus instituciones políticas,
adolecen de graves defectos en parte grandes culpables de la situación
monetaria, fiscal y financiera, por no haber sido capaces de profundizar en las
medidas de acompañamiento que requería la implantación del Euro, y en la
implantación de un federalismo que pusiese orden en todas las disfunciones que
nos hacen padecer. Acométase de una vez eso que se viene en llamar ¡¡¡Más
Europa!!!
En
lo que no puedo manifestar ningún tipo de complacencia, una vez más ¡¡¡qué
contumacia!!!, es en todo lo que tiene que ver con el terrorismo y sus
implicaciones, porque no puedo creerme nada, amigo lector, absolutamente nada,
de toda las promesas que públicamente se hacen de que no se ha negociado, ni se
va a negociar, cuando en un acto conmemorativo en el Parlamento, el Sr.
Presidente ni habla con las más importantes asociaciones de las víctimas ¿es
que se ha vuelto tonto de repente, o ya vino así? (dicho con el mayor de los
respetos, pero para los tontos, claro). E intolerable me resulta leer
expresiones como que “ahora les toca hacer política”. Y otras, como la de que
de un encuentro de una víctima con el asesino de su hermano no se puede hacer
un espectáculo. Patético espectáculo es ya en si mismo organizar un plan como
ese. Claro, ahora que les hemos dejado hacer lo que pretendían, y de paso, lo
que les da la gana, les decimos que ya derrotados les toca hacer política. Lo
malo aquí es que los derrotados estamos siendo nosotros, no ellos. Hasta en el
lenguaje hemos sido derrotados, cuando no en la cesión de puestos con mando y
representación en las instituciones políticas, y cobrando de nuestro dinero.
Hago una excepción con el encuentro del buenazo de Quini con su secuestrador; y
la hago porque su secuestrador no era un asesino terrorista, abyecto y
embustero; estamos hablando aquí de otras cosas.
Sr.
Rajoy, o hace usted lo que tiene que hacer, aún en contra de sus consejeros
áulicos, o seguiremos sin obtener la confianza por la que clamamos. Créame a
mí, que se lo digo exclusivamente interesado por el bien común, y nada
condicionado porque yo le deba algo a usted, o usted a mí. Pero ambos se lo
debemos a España. En todo esto, seguiré insistiendo ¡hasta la saciedad! Y usted
que lo lea, y lo sepa.
Salve,
lector y amigo.