La
crisis comienza ya a producir su impacto hasta en aquellos países europeos en
los que, mal que bien, sus efectos parecían minimizados, o incluso superados.
De superados, nada, porque aún habiendo hecho razonablemente bien sus deberes
desde hace mucho tiempo, la fuerte interrelación existente, ya sea económica o
financiera, casi siempre juntas, hace que los problemas se hayan ido
extendiendo aunque no sea con la misma intensidad en todos. El hecho cierto es
que la disminución generalizada del consumo desemboca en una proporcional
disminución de las capacidades productivas utilizadas, sólo parcialmente
compensadas por aquellos países que su eficiencia competitiva les permite ganar
cuota de mercado extraeuropeo; este diferencial negativo, trae como
consecuencia directa un aumento del desempleo, y una disminución de los
salarios de los que lo tienen ¿le suena conocida esta cantinela, mi querido
lector? ¿Y qué decir respecto al impago de las deudas que unos países tienen
con los otros? Pues que la consecuencia inmediata es un encarecimiento del
precio del dinero para aquellos países en los que todavía se crea que pueden
cumplir con sus vencimientos, y el cierre del grifo de la financiación externa
a los que no; cuando esto sucede, en tales países se suben los impuestos, se
absorbe el dinero de sus entidades financieras que han de dedicarlo a la compra
de deuda pública, detrayéndolo de la financiación dedicada a las empresas y a
las familias ¿le sigue sonando conocida la cantinela, mi querido lector?
El
peor de los casos es ya, cuando en ciertos países no sólo no existe la
posibilidad de que sus ciudadanos paguen más impuestos, sino que no paguen
ninguno; y que sus entidades financieras no sólo no concedan crédito, sino que
hubieran caído en la quiebra, ellas y su Estado. Usted podrá reconocer, sin que
estos dos amigos cometan la “indiscreción” de descubrirlos, cuáles están
inmersos en cada una de las situaciones descritas. ¿Cree que estas situaciones
no afectan, también, y fuertemente, a los países que hubieran hecho bien sus
deberes? Países que, por otra parte, vienen siendo los “apagafuegos” del
antisistema económico-financiero-político europeo. A la vista de esto, a muchos
preclaros teórico-político-económicos, les extraña muchísimo que los ciudadanos
de los países pagadores emitan clarísimas señales para que sus gobiernos
presionen a los que se han dedicado a la buena vida, en tanto que ellos
trabajaban y ahorraban. Tal cual la fábula de la cigarra y la hormiga, tan real como la vida misma.
Esos
mismos preclaros teóricos politinómicos (óigame, lector, premios nobeles
incluídos, eh, se lo recuerdo), no tienen ningún miramiento en defender la
bondad del antisistema, insistiendo hasta la saciedad en que la solución pasa
por seguir gastando a todo trance, pensando en que sólo con gastar es
suficiente para superar la crisis. No falta mucho para que también se nos diga
que la deuda de los estados se podría compensar con la misma cantidad de moneda
nueva. Oiga, se le acaba de ocurrir esto a este servidor de usted. Claro, por
eso está tan cerca de la concesión del Nobel. No sería malo, claro, si
estuviésemos dispuestos a soportar algunos inconvenientes derivados: inflación,
déficit por cuenta corriente … y algunos otros. ¡Ah! Y los americanos
frotándose las manos, porque, amigo mío ¿a qué cree usted que obedece tanto
empeño a anunciar “corralitos”? ¿a qué el de desprestigiar países
europeos? Lo comprueba usted mismo
analizando la evolución de la relación €uro/Dólar ¿Lo ve? Y los tales premios
nobeles haciendo el jueguito al gobierno de su país. Así es como debe ser, y
los americanos lo entienden muy bien, en tanto que los europeos nos
entretenemos en tirarnos la basura unos a otros. ¿Todos los europeos? No, no, de ninguna manera. Los ingleses son
otra cosa; ante todo son ingleses; y desde luego que sus mayores simpatías y
afinidades las tienen con los del otro lado del Atlántico, y siempre por encima
del paralelo 30.
¿Qué
tendría que hacer Europa? Pues sencilla y llanamente: Convertirse de verdad en Europa. Estos últimos días, naturalmente
que forzados por la falta de soluciones fáciles a la crisis (tal vez ello se
deba a la incapacidad intelectual, y moral, para abordar los problemas
difíciles), comienzan a aparecer opiniones y propuestas llamando a facilitar
ciertos niveles de integración. Por ahí iríamos bien, sí, por una unión fiscal
y tributaria, por una armonización de todas las políticas económicas, y, como
consecuencia de ello hacia una plena integración europea en lo político y en lo
social. Es decir, más Europa, pero de verdad. Y estos servidores de usted se
atreven a proponer el nombre: ESTADOS
UNIDOS DE EUROPA. Hemos de reconocer, sin embargo, que ardua es la tarea
que aparenta, pero nos parece ardua no tanto por la elección del modelo a
instaurar, ya que no hay demasiados entre los que elegir, sino por lo que
nosotros entendemos como una carencia completa del liderazgo necesario para
abordar la cuestión ¿Ve usted, lector amigo, émulos de los Schumann, De
Gasperi, Monnet, Adenauer … incluso, óigame, un Schroeder (qué ironía del
destino que este servidor de usted haga apología de un socialdemócrata, pero
¿por qué no? si era bueno). Éste, créame, y no otro, es el gran problema que
tenemos los europeos, aparte, claro está del juego de intereses y las
aldeanadas nacionalistas.
Para
acabar, hoy, debo rendir un tributo. Al admirado Profesor Santiago Grissolía y
al grupo de Premios Nobel (advierta que en esta oportunidad los cito con
mayúsculas), que le acompañan en el jurado de los Premios Jaime I. Su
manifestación de que la causa principal de la crisis que padecemos radica en el
abandono de la cultura del esfuerzo y del mérito, y de la escasez de recursos (apropiadamente)
dedicados al desarrollo científico y tecnológico; y a reconocerle a la educación
(eficiente y responsablemente ejercida) el papel fundamental de aportar a la
sociedad los valores éticos, morales e intelectuales, garantes de la
convivencia en libertad. No estoy repitiendo al pie de la letra el texto de
ningún discurso, sino utilizando mis propias palabras en interpretación libre
de lo que acabo de escuchar. Rindo pleitesía al Profesor Grissolía y a los
Premios Nobel que con él suscriben este posicionamiento. Afortunamente, no me
siento solo, como proclamé en alguna otra oportunidad; diría que me voy
convirtiendo en un compañero privilegiado de tales ilustres librepensadores, en
la esperanza de que sus esfuerzos calen hondo en todos los ámbitos de la
sociedad. ¿Cree usted lector amigo que de haber seguido a tiempo indicaciones
como las precedentes, hubiesen aparecido las “bankias” “grecias” y otras similares?
No se están haciendo bien las cosas en la mayor parte de Europa, y en España
desde luego que no. Sr. Rajoy ¿por qué no cambia de consejeros, que a la vista
está que no dan una en el clavo, y se rodea usted de los que saben?
Salve,
amigo mío
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