Publicado en Canal NW, nº 29, julio de 2008
MÁS REFLEXIONES DEMOCRÁTICAS
Amigo lector, voy a tratar de finalizar las reflexiones que me venían siendo suscitadas por las actitudes y maniobras que se producían en el Partido Popular, desde las elecciones del 9 de marzo hasta su congreso de los pasados días, reafirmándome en la importancia que le concedo a dicho partido político –al igual que a los demás partidos- en el desarrollo de la vida políticamente democrática, y de una manera muy especial a este partido sin cuya existencia, estoy convencido, difícilmente disfrutaríamos de vida democrática. Y todo ello, a pesar de la desconfianza, y a veces repulsión, que me producen los comportamientos de las elites burocráticas que gobiernan los partidos. Usted, lector, es testigo de mis constantes reflexiones sobre esta cuestión, tan constantes que me parece ocioso insistir hoy en los argumentos que las sostienen. Pero en lo que no me cansaré de insistir es en la visión y concepción liberales de la vida, seguramente con ciertas y personales peculiaridades, tan peculiares como los criterios que cada persona es capaz de establecer haciendo el mejor uso de su espíritu y de su razón, potencialidades que representan las esencias de la libertad individual.
Y aquí estamos. Desde tal criterio afirmé en ocasiones anteriores, y también en la precedente que utilicé para estos comentarios, y que mantengo hoy, mi favorable consideración de D. Mariano Rajoy, como político, que es lo que estamos tratando de valorar, pero también de cómo consideraba que no había hecho sus deberes a tiempo; determinados deberes, para cuya tarea había disfrutado de algunas oportunidades. Bueno, no sólo el Sr. Rajoy. El resto de la estructura de mando del partido comparte la responsabilidad. Y los hechos han venido a darme la razón.
Veamos juntos esta cuestión lector. ¿Cuál sería, supuestamente, uno de los principales deberes pendientes? Con toda seguridad, algo que acaba de aprobarse en el Congreso del partido, y que constituía mi principal reclamación: la ampliación de las características democráticas facilitando la participación de la militancia y haciendo posible que candidatos al gobierno del partido y a representarlo ante los ciudadanos españoles disfruten de igualdad de oportunidades, y que pudieran resultar elegidos sin dudas de legitimidad. Así sucede en las democracias más desarrolladas del mundo, y así acabará sucediendo en la nuestra, inexorablemente, debido, sobretodo, a la presión que ejerzan, ejerzamos, los ciudadanos libres sobre la jerarquía de los partidos, que no tendrá más remedio que constituirse sobre la base de la mencionada legitimidad, en lugar de perpetuarse en una especie de sucesión orgánica, paralizante de la participación de sus bases. Saludemos pues, este síntoma de buena salud democrática salida del congreso.
Una segunda cuestión de capital importancia es la que se refiere a lo que han venido denominando “debate de ideas”, “defensa o cambio de los valores”, “propuesta política”, o como se le quiera llamar, y que, conjuntamente con el asunto ya mencionado, ha polarizado los desencuentros más preocupantes entre muchas de las figuras del partido, y producido lamentables víctimas. Víctimas que no debieran haberse producido si todos hubieran escogido los tiempos y los lugares, con prudencia y sentido de la oportunidad, para hacer sus respectivos planteamientos. Todos han sido culpables, por acción o por omisión, de la confusión creada, seguro, entre gran parte de sus militantes y de los simpatizantes. Entre todos han abierto, innecesariamente, heridas que, me temo que en algunos casos no se cerrarán jamás.
Uno de mis apreciados lectores –y a pesar de ello amigo- que dice agradarle la columna de este servidor, me insta a que me “moje” citando en concreto a las personas que son el objeto de mis críticas, y también, supongo que también, de las que son objeto de mis afectos o de mis desafectos. ¿Cree usted, mi otro lector, que debo atender su sugerencia? Hombre, el sujeto principal del caso ya ha quedado reiteradamente citado, y las otras personas han estado en todos los medios de comunicación, por una o varias razones, y bajo distintas motivaciones e intereses. Unos, porque luchaban por una cuota mayor de protagonismo, otros por lograr más poder, otros por colocarse mejor ante un eventual cambio en el liderazgo del partido, otros …. Ustedes mismos tienen en su mente la identificación de las personas, y seguro que coincidimos. Pero no quiero dejar de complacer al lector amigo, y, al menos una de las personas sacrificadas sí que voy a citar: la admirada Doña María San Gil, cuya voluntaria o involuntaria inmolación, tal vez imprudente o precipitada, en todo caso inoportuna y desde luego estéril, no va a producir beneficio alguno para nadie, créanme ustedes. Hasta los mejores cometen errores.
Y, finalmente, parece increíble que personas que viven de y para la política, que los ciudadanos tenemos por inteligentes y sensatamente analíticos hubieran pretendido cambiar al líder sin antes haber procedido al cambio de los mecanismos y procedimientos electorales del partido. Además de las virtudes que le adornan, aunque no sea carismático ni mediático -¡Oh! ¿Cuándo nos veremos libres de líderes carismáticos y mediáticos, insultantemente bobos?- hubiera sido una irreparable irresponsabilidad relevar al Sr. Rajoy bajo las actuales circunstancias. Y no porque no sean deseables los cambios. Y no porque no sea deseable la evolución. Simplemente porque no podía ser. Hubiera podido ser si los cambios aludidos se hubiesen producido en el congreso anterior. Y a lo mejor, la consecuencia hubiese sido la misma: líder, Don Mariano Rajoy ¿Por qué no?
Y del famoso debate político ¿qué? Lo veremos en la materialización de las nuevas propuestas políticas y de ellas podremos hablar. Mientras tanto, este servidor ha firmado el Manifiesto por la Lengua Común.
MÁS REFLEXIONES DEMOCRÁTICAS
Amigo lector, voy a tratar de finalizar las reflexiones que me venían siendo suscitadas por las actitudes y maniobras que se producían en el Partido Popular, desde las elecciones del 9 de marzo hasta su congreso de los pasados días, reafirmándome en la importancia que le concedo a dicho partido político –al igual que a los demás partidos- en el desarrollo de la vida políticamente democrática, y de una manera muy especial a este partido sin cuya existencia, estoy convencido, difícilmente disfrutaríamos de vida democrática. Y todo ello, a pesar de la desconfianza, y a veces repulsión, que me producen los comportamientos de las elites burocráticas que gobiernan los partidos. Usted, lector, es testigo de mis constantes reflexiones sobre esta cuestión, tan constantes que me parece ocioso insistir hoy en los argumentos que las sostienen. Pero en lo que no me cansaré de insistir es en la visión y concepción liberales de la vida, seguramente con ciertas y personales peculiaridades, tan peculiares como los criterios que cada persona es capaz de establecer haciendo el mejor uso de su espíritu y de su razón, potencialidades que representan las esencias de la libertad individual.
Y aquí estamos. Desde tal criterio afirmé en ocasiones anteriores, y también en la precedente que utilicé para estos comentarios, y que mantengo hoy, mi favorable consideración de D. Mariano Rajoy, como político, que es lo que estamos tratando de valorar, pero también de cómo consideraba que no había hecho sus deberes a tiempo; determinados deberes, para cuya tarea había disfrutado de algunas oportunidades. Bueno, no sólo el Sr. Rajoy. El resto de la estructura de mando del partido comparte la responsabilidad. Y los hechos han venido a darme la razón.
Veamos juntos esta cuestión lector. ¿Cuál sería, supuestamente, uno de los principales deberes pendientes? Con toda seguridad, algo que acaba de aprobarse en el Congreso del partido, y que constituía mi principal reclamación: la ampliación de las características democráticas facilitando la participación de la militancia y haciendo posible que candidatos al gobierno del partido y a representarlo ante los ciudadanos españoles disfruten de igualdad de oportunidades, y que pudieran resultar elegidos sin dudas de legitimidad. Así sucede en las democracias más desarrolladas del mundo, y así acabará sucediendo en la nuestra, inexorablemente, debido, sobretodo, a la presión que ejerzan, ejerzamos, los ciudadanos libres sobre la jerarquía de los partidos, que no tendrá más remedio que constituirse sobre la base de la mencionada legitimidad, en lugar de perpetuarse en una especie de sucesión orgánica, paralizante de la participación de sus bases. Saludemos pues, este síntoma de buena salud democrática salida del congreso.
Una segunda cuestión de capital importancia es la que se refiere a lo que han venido denominando “debate de ideas”, “defensa o cambio de los valores”, “propuesta política”, o como se le quiera llamar, y que, conjuntamente con el asunto ya mencionado, ha polarizado los desencuentros más preocupantes entre muchas de las figuras del partido, y producido lamentables víctimas. Víctimas que no debieran haberse producido si todos hubieran escogido los tiempos y los lugares, con prudencia y sentido de la oportunidad, para hacer sus respectivos planteamientos. Todos han sido culpables, por acción o por omisión, de la confusión creada, seguro, entre gran parte de sus militantes y de los simpatizantes. Entre todos han abierto, innecesariamente, heridas que, me temo que en algunos casos no se cerrarán jamás.
Uno de mis apreciados lectores –y a pesar de ello amigo- que dice agradarle la columna de este servidor, me insta a que me “moje” citando en concreto a las personas que son el objeto de mis críticas, y también, supongo que también, de las que son objeto de mis afectos o de mis desafectos. ¿Cree usted, mi otro lector, que debo atender su sugerencia? Hombre, el sujeto principal del caso ya ha quedado reiteradamente citado, y las otras personas han estado en todos los medios de comunicación, por una o varias razones, y bajo distintas motivaciones e intereses. Unos, porque luchaban por una cuota mayor de protagonismo, otros por lograr más poder, otros por colocarse mejor ante un eventual cambio en el liderazgo del partido, otros …. Ustedes mismos tienen en su mente la identificación de las personas, y seguro que coincidimos. Pero no quiero dejar de complacer al lector amigo, y, al menos una de las personas sacrificadas sí que voy a citar: la admirada Doña María San Gil, cuya voluntaria o involuntaria inmolación, tal vez imprudente o precipitada, en todo caso inoportuna y desde luego estéril, no va a producir beneficio alguno para nadie, créanme ustedes. Hasta los mejores cometen errores.
Y, finalmente, parece increíble que personas que viven de y para la política, que los ciudadanos tenemos por inteligentes y sensatamente analíticos hubieran pretendido cambiar al líder sin antes haber procedido al cambio de los mecanismos y procedimientos electorales del partido. Además de las virtudes que le adornan, aunque no sea carismático ni mediático -¡Oh! ¿Cuándo nos veremos libres de líderes carismáticos y mediáticos, insultantemente bobos?- hubiera sido una irreparable irresponsabilidad relevar al Sr. Rajoy bajo las actuales circunstancias. Y no porque no sean deseables los cambios. Y no porque no sea deseable la evolución. Simplemente porque no podía ser. Hubiera podido ser si los cambios aludidos se hubiesen producido en el congreso anterior. Y a lo mejor, la consecuencia hubiese sido la misma: líder, Don Mariano Rajoy ¿Por qué no?
Y del famoso debate político ¿qué? Lo veremos en la materialización de las nuevas propuestas políticas y de ellas podremos hablar. Mientras tanto, este servidor ha firmado el Manifiesto por la Lengua Común.