viernes, 11 de abril de 2008

Más al hilo de marzo 2008

No quiero hacerme pesado con mis referencias al proceso electoral, pero sí deseo añadir dos razones más de las expuestas en mi columna de abril de Canal NW, a las cinco por las cuales cualquier gobierno de país democráticamente madura hubiese merecido una repulsa generalizada, y, desde luego, no haber obtenido la confianza para abordar un nuevo período de gobierno.
Política exterior, en la que ha sido notoria la pérdida de influencia de España en los entornos que nos resultan familiares, por vínculos culturales, económicos, de comunidad de intereses políticos, etc. etc., alejándonos de ellos, y, al mismo tiempo, contradiciendo tales intereses alineándonos con los que atentan política e ideológicamente contra la libertad y el ejercicio de derechos fundamentales, y
Justicia, cuyo entramado institucional ha perdido su intrínseca independencia al verse invadido y contaminado por los criterios políticos partidistas, convirtiéndose en una correa de transmisión de los intereses del gobierno y del partido del gobierno.
Y queda dicho ésto como complemento de la citada columna.
Un día de éstos, y con el adecuado sosiego habré de referirme a lo que ha venido sucediendo en torno al proceso de la investidura del Presidente del Gobierno, y a los impactos que tal proceso ha tenido en el principal partido de la oposición.

Al hilo de marzo 2008

El ser humano y sus valores. CIUDADANIA Y ÉTICA. Publicado en Canal NW, nº 26, abril 2008

Y sexta.

Sexta en lo que se refiere a reflexiones relacionadas con el proceso electoral que acabamos de padecer, porque de referirnos a esta relación entre ciudadanía y ética seguro que habremos de encontrar múltiples motivos. En cuanto al 9 de marzo, nuestros temores se han visto confirmados. No se ha sabido interpretar la realidad por una enorme parte del electorado, ante una espectacular ausencia de explicaciones reales y convincentes de los programas ofrecidos por los partidos políticos. En definitiva, ha prevalecido la telegenia, la propaganda mediática impulsada por los partidos de la llamada izquierda política, y la incompetencia informativa del principal partido de la oposición. Naturalmente que, desde esta perspectiva, la de la habilidad propagandística de uno de los grandes partidos, y de la incompetencia del otro, también han resultado perdedores los nacionalistas y los comunistas (no podemos decir que lo sintamos, honestamente), que han visto invadidos sus espacios ideológicos por la irrupción en ellos de los socialistas, que consiguen arrimar a sus ascuas las sardinas del voto útil.

Le planteamos un pequeño juego, querido lector amigo. Dejar a su interpretación los porcentajes del electorado que se ajusten a los siguientes perfiles: uno, los que votan a los suyos pase lo que pase y hagan lo que hagan, convencidos de que son los mejor capacitados; dos, los que votan a los suyos pase lo que pase y hagan lo que hagan con tal de que no gane el adversario; y tres, los que tienen independencia de criterio y eligen su opción con plena libertad. ¿En cuál de los grupos estamos, o pretendemos estar, usted y nosotros? ¿Cuál será el peso relativo de este grupo sobre el total del electorado?

A los dos primeros grupos, parece que no les ha interesado demasiado la calidad y la cantidad de la información de la oferta política, ni la veracidad y honestidad con que se manifiestan sus afines y los contrarios. Y, la verdad, estos sus servidores, tampoco se sienten interesados por los componentes de ambos grupos, más allá del impacto electoral que producen. Allá ellos con su sectarismo ideológico. No nos interesan porque con ciudadanos así no existe la menor posibilidad de debate político inteligente.

Son los del tercer grupo, los que en su inmensa mayoría se rigen por criterios éticos (así al menos nos gusta identificarlos), los que resultan verdaderamente perjudicados por las maniobras de la propaganda política que lo único que les ha ofrecido fueron dificultades para separar la paja del grano, quedando como víctimas de la ocultación de realidades, tanto materiales como de objetivos políticos, y del sostenimiento de argumentaciones sin demostrar, jugando con la proverbial mala memoria colectiva. Para ilustrarle vamos a someter a su consideración algunos ejemplos, fácilmente identificables.

Plan Hidrológico Nacional –eliminado inmediatamente de tomar posesión hace cuatro años- que ahora pretenden recuperar , disfrazado de pequeños (¡) trasvases (río Segre), porque Cataluña está seca, y porque las famosas platas desalinizadoras resultan una ruina económica, y ecológica. Ruptura de la solidaridad y cohesión territorial y corrupción asociada. Modelo de Estado, que nadie sabe cuál es el que han tenido en la cabeza, pero que por la vía de la modificación estatutaria de las Comunidades Autónomas, producen una alteración no contemplada en la Carta Magna, configurando una España diferente sin la intervención de la totalidad de los ciudadanos. Otro factor de insolidaridad y cohesión territorial y de corrupción asociada Sistema educativo, deteriorado por la permisividad, pérdida de autoridad, falta de rigor académico y penalización del esfuerzo (ya conocemos la catastrófica valoración comparativa de nuestra población estudiantil), adornado con la pretensión de adoctrinamiento ideológico con la asignatura EpC. Y hay autoproclamados intelectuales que niegan la facultad de objeción a padres y profesores ¡ciegos, o estúpidos!. Terrorismo, colocándonos en situación de flagrante cuasi-indignidad, en la que no hemos caído gracias a que las bestias-terroristas en su paroxismo han querido acelerar el curso de los acontecimientos; de no haberse producido los últimos atentados, quién sabe si no nos habríamos desayunado con la aceptación de sus condiciones. No, si aún habremos de estarles agradecidos. Y Economía, con cuya problemática resulta que nos encontramos por casualidad ¡vamos, hombre! como si lo que ahora han reconocido como crisis no existente antes del 9 de marzo se hubiese producido por generación espontánea. Ya iremos, ya, padeciendo sus efectos, pero también iremos viendo como tal problemática también genera insolidaridad e incohesión territorial, y corrupción.

Cinco, sólo cinco ejemplos que por sí solos hubieran provocado la crisis y caída del gobierno de turno en cualquier país instalado en un régimen democrático maduro, aquí han servido como por arte de magia para renovar un mandato parlamentario y de gobierno. En estos días estamos escuchando discursos “de extraordinaria profundidad” y contrición que, con apariencia de sinceridad tratan de hacernos creer que en los próximos cuatro años se producirá una completa enmienda. Y pretenden que les creamos. Bueno, ya sabemos cuáles de los grupos señalados más arriba corearán sus intenciones. ¿Qué haremos usted y nosotros? Nosotros continuaremos en nuestra ya manifiesta y rebelde incorrección política.