Algunos
de esos amigos de excelencia que uno tiene, y que este servidor de usted les
tiene (así solemos expresarnos los gallegos), y que además me hacen el honor de
seguir estas “atalayas” mías, pero sobretodo suyas, me instan a que ponga en
práctica aquellas de sus recomendaciones que me parezcan convenientes. No sé si
todas ellas, algunas ya están en marcha, otras lo estarán con mayor o menor
acierto, y las que no ya veremos lo que hacemos con ellas; a lo mejor tienen, o
tendrán su oportunidad en otro momento. A estas alturas del párrafo, usted se
preguntará que qué tiene esto que ver con el título de la atalaya. Pues sí
tiene que ver, porque una vez más no me puedo sustraer a la necesidad que tengo
de referirme a ciertos desacuerdos que mantengo con algunas de las políticas de
los gobiernos españoles (usted percibirá con nitidez el por qué uso el plural
¿verdad?), y uno de tales desacuerdos consiste en todo lo que se está
refiriendo a los llamados recortes, que, independientemente de que me parece
que gramaticalmente no se sostiene (a confusiones gramaticales, ya sean de
sintaxis, de léxico, o de cualquier otra índole, a las que nos tiene ya
acostumbrados una gran parte de la clase política actual en su indigencia
intelectual), considero que es claramente mal orientada y totalmente
insuficiente; es decir, que estoy de acuerdo con la oposición, pero justamente
en sentido contrario a lo que ellos tan cínicamente critican.
Aceptando
seguir llamando recortes a lo que realmente no son otra cosa que disminuciones
en las partidas de gasto, absolutamente necesarias por otra parte, mi
discrepancia consiste en que hay todavía muchísimo margen para aplicarlas en
otras en las que se ha hecho con poca valentía y por lo tanto insuficientemente.
Y perdóneme usted que nuevamente me refiera a dos temas: uno, las subvenciones,
cuya cancelación completa a partidos políticos, sindicatos, empresarios y a
toda la ingente multitud de organismos públicos y privados que consumen una parte
muy sustanciosa del presupuesto, cuyo funcionamiento, de ser necesario (me
refiero a tales organismos, puesto que los primeros claro que son necesarios),
muy bien desempeñado habría de ser mediante una eficiente e inteligente
disposición al trabajo por parte de los funcionarios públicos, y esto no se
está abordando como debiera; y el otro tema, relacionado con el anterior en lo
que se refiere a la supresión de organismos, me siento muy preocupado por su
eficacia si en todos los casos se producen los mismos efectos que el de un
ejemplo que les voy a ofrecer –obviamente, no voy a citar el nombre, pero sus
protagonistas se auto identificarán perfectamente-, y que es el siguiente: Se decide suprimir una sociedad anónima de
capital público, y todo su personal pasa en pleno a integrarse en un organismo
autónomo dependiente del gobierno, de manera que si los costes del resto de su
estructura ya formaba parte de dicho organismo autónomo ¿en qué consiste el
ahorro? ¡¡¡Alerta, Sr. Rajoy!!! Porque si las supresiones anunciadas se parecen
a ésta, estaríamos frente una encubierta operación de maquillaje.
Dicho
esto, afirmo que el personal sanitario debe, y puede, trabajar más y mejor;
afirmo también que el personal docente debe, y puede, trabajar más y mejor; y
afirmo que el resto de los funcionarios públicos deben, y pueden trabajar más y
mejor; y también afirmo que todas las estructuras de la administración del
Estado pueden, y deben, reconvertirse: éste sí que es un verdadero reto para la
clase política y para la ciudadanía española entera. No me condenenarán a la
hoguera los que aún no estando de acuerdo con mis planteamientos estén
cumpliendo con honestidad sus obligaciones, y con la misma honestidad trabajen
en pro de honestos objetivos; los otros, ni me importa. Y nada tiene que ver
todo esto que acabo de afirmar (austeridad y rigor), con medidas de estímulo al
desarrollo económico y por tanto a la sostenibilidad del sistema, que son
también absolutamente imprescindibles.
Recortes
de otra naturaleza son los referidos a la longitud de estas atalayas; se me
sugiere mayor brevedad y más frecuencia. No sé si conseguiré lo de la brevedad,
incluso hoy que me estoy verdaderamente esforzando. En cuanto a la frecuencia,
lucho contra mí mismo y contra el deseo de no molestarle a usted en demasía; ya
veremos. En Twitter ya coloco todas estas cosas, relacionándolo con el blog del
que usted ya tiene noticia: www.espaciodebalseiro.blogspot.com. Y disfruto, asimismo, del privilegio ofrecido por
los amigos de GaliciaDixital.com, reservándome un espacio como columnista.
Xavier ¿voy haciendo los deberes?
Pero,
lector amigo, hay un asunto que no recortaré jamás, del que no abdicaré jamás,
cual es mi radical oposición a cualquier iniciativa gubernamental, judicial, o
a una combinación de ambas, que conceda privilegios a las alimañas que sin
ningún tipo de miramiento privan de la vida a sus semejantes, pretendiéndonos
convencer de que lo hacen por la libertad. La fotografía, en un diario de hoy,
del indocumentado Presidente del Gobierno Vasco estrechando la mano, en un
claro signo de connivencia, al dignatario representante de tales luchadores por
la libertad, con la mirada complaciente de miembros de la otra facción
nacionalista, me produce repugnancia. El gobierno del Sr. Rajoy verá lo que
hace, pero jugar con la dignidad de la ciudadanía de bien, con mi complicidad,
NO. Y esto, lo aseguro, forma parte de la vigilancia consciente en la que me he
empeñado. La ATALAYA me lo permite.
Salve,
querido amigo.