Pues
claro que lo sabíamos ¿Y qué es lo que supuestamente habíamos de saber? se
preguntará usted. Pero antes de que me lo pregunte, se lo voy a decir yo para
que no me diga que me pongo a jugar a las adivinanzas. Con usted no, amigo mío.
Las adivinanzas las dejo para los augures que presumen de saber lo que va a
suceder, siempre claro arrimando sus previsiones a las ascuas de su ideología.
Lo cual, por otra parte, no deja de ser absolutamente normal, porque en la
práctica lo hacemos todos. Lo que ya es una anormalidad, es que la defensa de
postulados ideológicos conduzca a pensar que con disfrazar la realidad y lanzar
soflamas basta para convencer a una ciudadanía considerada estúpida y siempre
dispuesta a aceptar como bueno todo aquello que no le induzca a pensar por sí
misma. Y lo que resulta más anormal
todavía es que quienes han tenido en sus manos el timón para que la nave del
Estado fuese capaz de superar vientos desfavorables, y hasta tempestades, lo
que han hecho es generar un estado de debilidad tal que muchas vitaminas vamos
a necesitar para restituir las fuerzas con las que llegar a buen puerto. Eso,
si alguna vez las hubiéramos tenido, que no sé … Y saber, saber, no sé si lo
sabríamos, pero que nos lo temíamos, seguro.
Puede
que aún no haya dejado entrever a qué asuntos me estoy refiriendo. Pues allá
va. En primer lugar, y ya que se produjo antes, la huelga del pasado 29 de
marzo, o fiesuelga (fiesta y
huelga), como tuve la ligereza (¡) de titular en una anterior “atalaya”. Ha de
quedar claro que no soy contrario al derecho a la huelga, sino que lo respeto;
y no sólo porque está en la Constitución, sino porque representa la forma de
hacer público el descontento por situaciones que no hubieran encontrado otros cauces
de expresión, a su vez reconocidos en el ordenamiento constitucional. Pero ha
de quedar claro también, que este derecho es subsidiario del que, también
constitucionalmente, se nos concede a todos los ciudadanos: el de
trabajar. Hasta aquí me parece que no le
descubro a usted nada novedoso, y se estará preguntando que qué es lo que
deberíamos de haber sabido, o temido. Pues mire usted, las frases incendiarias
precursoras de actividades violentas, y ensayos de actos vandálicos que, o se
cortan de raíz u originarán más de un altercado de orden público y de la
seguridad ciudadana. Frases como las pronunciadas por algún “preclaro”
sindicalista dirigente nostálgico de pasadas revoluciones: “… esta provocación
nos aboca a la guerra …” o algo muy parecido, desnaturaliza y deslegitima la
huelga desde la perspectiva de lo que el derecho le concede, y hasta podría,
tal vez debería, constituir objeto de querella criminal. En fin, para echarse a
temblar con esta gente.
Item
mas. Remata la faena la portavoz ¿se podría
decir “portavoza”? de los socialistas hablando de “engaño” y de
“desengaño”. Bueno, bueno. A este servidor de usted le resulta ya
tedioso referirse a toda esta gente experta en urdir las patrañas que nos han
conducido a la situación probablemente más peligrosa que haya vivido España
desde 1700 (guerras aparte, eh). Y no me refiero ahora a los asuntos
económicos, que también, sino de una manera muy especial a la quiebra de la
unidad del Estado, de los principios éticos y morales que nos han de distinguir
de los puramente fisiológicos, y para cuya superación resulta altamente
dificultoso establecer fórmulas que la garanticen. A corto plazo, desde luego que no. Con
algunas generaciones desinformadas, o intencionadamente mal informadas por el
medio, árdua tarea espera al conjunto de la sociedad. Es altamente ilustrativo
de esto un artículo del pensador José Antonio Marina, publicado recientemente,
titulado (discúlpeme el autor si no fuera exacto), LA INMUNODEFICIENCIA DE LA
SOCIEDAD ACTUAL. Casi nada. Recomiendo su lectura.
La
segunda cuestión que deberíamos haber sabido, tiene que ver con los
Presupuestos Generales que el Gobierno ha presentado para su discusión en el
Congreso de los Diputados. ¿De verdad nos sorprende que hayan sido
restrictivos? A este servidor de usted
lo que le sorprende es que no lo hubieran sido todavía más. Es más, no le sorprende, le frustra. Me frustra en pura coherencia con lo que
vengo sosteniendo una y otra vez: no se han retirado TODAS las subvenciones, ni
se han disuelto TODOS los “chiringuitos” (terminología popular, pero muy
descriptiva). No son suficientes las que
se deducen del proyecto de Presupuestos. Hay ahí un tremendo campo de acción
para liberar recursos que deben ser destinados al fomento de la actividad económica
productiva, y a reforzar las capacidades educativas y de desarrollo científico
y tecnológico. Todavía se está a tiempo de hacerlo, Sr. Rajoy, como
consecuencia del debate parlamentario que ahora se abre, y que debería concluir
con la inclusión de lo que sabe usted que echo en falta. No se me arrugue usted, y ¡¡¡hágalo!!! Mire, si quiere ganarse de verdad, mejor
dicho, si quiere que de verdad España recupere la credibilidad y confianza que
ocho años catastróficos de gobierno socialista nos han hecho perder ¡¡¡hágalo!!!
Si se quiere que nuestros socios europeos y los mercados en general
vuelvan a confiar en nosotros ¡¡¡hágalo, y no se quede a medias tintas!!! Pero
hágalo de una vez, recordando la forma en la que hay que ingerir el aceite de
ricino, una cucharada y tapándose la nariz. Y ya está. Y que griten.
Tiene
usted a su disposición varias líneas generales de actuación: adelgazamiento
del Estado, reasignando recursos y ganando eficiencia ¿me permite que
insinúe recuper competencias? y eliminando redundancias, o tridundancias entre
administraciones ¿me permite también que sugiera cancelar el cupo vasco y no
conceder ningún otro? Y que griten; más
empresa, con una reorientación de los estímulos que hasta ahora han probado
su inutilidad, de una manera muy especial todo lo que se refiere al desarrollo tecnológico (¿tendrá esto
algo que ver con las universidades y centros de investigación? ¿es que no hay
alguien que lo entienda?; más Europa,
emúlense las medidas de éxito en los países de nuestra comunidad ¿estamos
ciegos o queremos ser más originales?, promoviendo e insistiendo en una
armonización fiscal a escala europea; más
y mejor educación, en lo que ni se puede perder el tiempo, ni escatimar
esfuerzos; persecución de la corrupción
(no añado nada, que todo se sobrentiende).
Cuando vemos que 28.000 millones de Euros nos van a costar los intereses
de la deuda, nos damos cuenta de lo irresponsable que ha sido el gobierno que
la adquirió, para nada; bueno, para algo sí: ganarse una clientela corrupta; y
que ahora venga una de sus conspicuos
representantes ¿diríamos conspícuas? a hablarnos de engaño … Y cuando
vemos la cantidad de dinero evadida sin pagar impuestos … Y no nos suba usted
los impuestos, que ya se habrá dado cuenta de que ha sido un error; y si ni
usted ni el señor Montoro se hubieran dado cuenta todavía, los mercados se lo
harán saber.
Hoy
le voy a dejar, amigo lector. Pero le aseguro que me queda “carrete” para
largo, porque motivos ya me darán, ya. E incluyo de pasada, para que no se me
olvide, una simple referencia: año 1512. ¡Pobre Navarra! Y de las subvenciones ¿qué?
Salve.
No hay comentarios:
Publicar un comentario