Quinta parte.
Comenzaba mi columna anterior mencionando la escasa probabilidad de que tuviésemos un nuevo contacto antes de la convocatoria electoral del 9 de marzo. Y no es muy probable, pero sí posible, dado el interés de nuestro director en salir durante los primeros días de cada mes. Un servidor sí que se pone a escribir pensando en la posibilidad de que esto ocurra, es decir, que usted pueda leer el periódico a tiempo.
¿A tiempo de qué? Nadie lo sabe, porque si este columnista no tiene la intención de convencer a nadie, de nada, a no ser de la necesidad de establecer criterios responsables y conscientes sobre todo lo que nos concierne como ciudadanos, ¿a qué viene entonces este interés, al menos aparente, por relacionar nuestra columna de opinión con los comicios a celebrar? Respuesta sencilla. Cumplir con lo que nosotros consideramos un deber, al tiempo que un derecho, como es acudir a votar, y hablando como estamos de Ética, son los principios éticos de cada uno de nosotros los que deben orientar el sentido de nuestra elección política.
La cuestión que se plantea, que se plantea este servidor en compañía de su tantas veces referido, incómodo y tantas otras implacable yo, es si los que constituyen la oferta política de la que deberemos extraer la que resulte de nuestra preferencia, responden a lo que es exigible para el ejercicio de tan altas funciones como las que se derivan de establecer el marco jurídico que a todos nos afecta, y las de gobierno y administración de los recursos públicos en forma escrupulosamente respetuosa con las leyes y determinante para la convivencia en la pluralidad ideológica que tanto respetamos, pero que, nos tememos, todavía con asignaturas pendientes por aprobar. Y no es asignatura menor la de valorar la ética de las ideas, de las propuestas y de las intenciones de los políticos candidatos.
No es fácil, lector, y, a lo peor, o a lo mejor, que nunca se sabe, cuando usted nos lea ya conoceremos cuál ha sido el resultado de la valoración a la que nos referimos. Es decir, ya habrá pasado el día 9, y sólo será posible analizar lo que ha ocurrido sin que exista la menor posibilidad de enmienda. Aquí está, claramente determinada la responsabilidad ciudadana: que las decisiones ya no tienen marcha atrás, al menos por un período de cuatro años. ¿Cree usted que merece la pena hacer la valoración ética a la que le invitamos, antes de que no tenga remedio? Y que la tal valoración, desprovista de cualquier sectarismo ideológico ¿merece la pena? Advierta que mencionamos sectarismo ideológico, que no tiene nada que ver con la necesaria ideología política a la que cada uno de nosotros tiene un derecho irrenunciable y que con toda legitimidad ética debemos ejercer.
Usted ya sabe, lector amigo, de nuestras íntimas discusiones en las que siempre, siempre, tratamos de eliminar de nuestros actos, y si pudiésemos también de los suyos, de los suyos de usted, se entiende, todo influjo sectario que anula el entendimiento, la capacidad crítica y nos convierte en pseudos-estúpidos incapaces de tomar decisiones conscientes y responsables, acordes con las exigencias de una sociedad democrática madura. El sectarismo que nos conduce a aceptar cualquier barbaridad que se diga o que se haga con tal de que provenga de aquellos que consideramos “de los nuestros”, sin importar el daño que se causa a la dignidad individual y colectiva. Pero no es éste el caso en el que usted y yo nos encontramos ¿verdad lector?
Usted y nosotros sus servidores puede que no, pero ¿qué podemos decir de las multitudes que asisten a los mítines políticos y que aplauden, y hasta jalean, a todos los que en el colmo del paroxismo no se privan de decir las mayores barbaridades, ignorantes estupideces, e insultos y descalificaciones del adversario, sin mas objetivo que el de provocar la reacción exaltada y primitiva de los ignorantes? Y, como en otras ocasiones hemos denunciado, lector, mintiendo, mintiendo, mintiendo una y otra vez. Uno de los candidatos lleva mintiendo los últimos cuatro años, diciendo que no hizo lo que ya todos sabemos que sí, que hizo; diciendo que hizo aquello de lo que no existen pruebas de nada; desdiciéndose hoy de lo dicho la víspera y poniendo al país “patas arriba” atribuyendo al adversario sus propias culpabilidades. El lunes 25, estos servidores pudimos comprobar su semblante crispado. No sabemos el que tendrá el lunes 3. Pero, ha quedado bien claro cuál de los candidatos es el protagonista de la crispación. A lo peor hasta volvemos a tener ejemplos de ella el día 8 ¡ojalá que no! ¿Y el día 9? ¡Aaaaah…la Ética ciudadana!
ADENDA.
Vemos lector, cómo me he visto superado en el mal escenario que preveía para el día 8, por los acontecimientos de la víspera. ¿Actuaremos los ciudadanos el día 9 exentos de sectarismo doctrinario, o por el contrario, lo haremos en defensa de la Dignidad, de nuestra dignidad individual y colectiva? Votemos. No nos quedemos en casa. Y hagámoslo a favor de aquellas opciones que mantendrán intacta nuestra dignidad. Después será tarde. Salud, Esperanza y Ética.