lunes, 3 de marzo de 2008

La Verdad, la Ética, y las elecciones



El ser humano y sus valores. LA VERDAD Y LA ETICA
Publicado en Canal NW, nº 24. Febrero de 2008


Decíamos entonces que, con toda probabilidad, amigo lector, no tendríamos la oportunidad de comunicarnos con usted antes de la cita electoral que tenemos a la vista (lo cual no sucede utilizando este medio de comunicación -blog- que sí podrá ser leído), razón por la cual queremos aprovechar ésta para compartir con usted una más de nuestras iniciativas contrapropagandísticas con las que nos afirmamos en nuestra particular incorrección política, y en defensa del predominio de principios éticos y morales en todo cuanto concierne al desarrollo de la vida pública, y porque demasiadas veces nos producen perplejidad muchas de las manifestaciones de quienes tendrían que ser especialmente cuidadosos. Hoy nos referiremos a dos singulares entornos en los que venimos observando una singular interpretación de la Ética y de la Verdad. Eclesiástico el uno, y político el otro.

En el primero, nos encontramos con representantes de la autodenominada Iglesia Vasca: los monseñores Setién y Uriarte. Monseñor Setién ya resulta patético con sus desvaríos espirituales e intelectuales, con los que nos obsequia desde su retiro, siempre en su conocido apoyo de la locura nacionalista. Lo de monseñor Uriarte nos inquieta más, cuando pretende con su aparente “buenismo” que los medios de comunicación no hagan llegar a los ciudadanos la cruda realidad de los hechos, y que el endurecimiento de los partidos políticos -¿de cuáles, y en qué dirección se produce tal endurecimiento?- representa un “golpe a la esperanza”, bajo un pretendido impacto negativo en la moralidad colectiva. ¡Hombre, Monseñor, con el mayor de los respetos por su dignidad personal y eclesiástica, si lo que precisamente conviene a la salud democrática es justo lo contrario! La firmeza en valores.

La firmeza, democrática eso sí, basada en la ética de la Verdad y en la verdad de la Ética, es lo que realmente representa un golpe a la esperanza, pero a la esperanza de los asesinos, nunca a la de las personas de bien ¿Qué pretende Monseñor, que no conociendo la realidad tal cual ella es, nos desentendamos de tales problemas y éstos pasen a formar parte solamente de nuestro inconsciente? Inconsciente que conviene a las ensoñaciones nacionalistas, claro, y con la connivencia de la elite burocrática socialista que actualmente gobierna el partido, y que, de una forma tan lamentable, en sociedad con los nacionalistas, conducen los asuntos de España.

En el segundo entorno, el político, acabamos de descubrir, a confesión de parte, que el Presidente del Gobierno de España supedita el cumplimiento de las leyes y sus compromisos parlamentarios y ciudadanos, a una tan personal interpretación ética de las cosas que le permite hacer lo que no dice y no decir lo que hace; es decir: una falta de respeto a la Verdad, en línea con lo que nos tienen acostumbrados muchos de los conspícuos componentes de esa elite-burocrático-socialista. Estos servidores que con usted comparten sus cuitas, y que no están dispuestos a aceptar pasivamente que la men tira emponzoñe la vida pública, animan a los socialistas de razón y de corazón a que alejen de responsabilidades políticas a tales dirigentes por su contumaz ética acomodaticia y pertinaz incompetencia. Lo que tantas veces hemos dicho desde estas y otras páginas y que quisiéramos ver hecho realidad: que tantos y tantos socialistas como en España hay, honestos, inteligentes, conscientes de la responsabilidad que comparten con los demás ciudadanos de preservar la igualdad de derechos, el respeto por las leyes, la convivencia pacífica y el bienestar, promuevan una catarsis que favorezca el establecimiento de un gran proyecto común; y, de paso, el Parlamento recupere la Grandeza que acaba de reclamar su saliente presidente. Lo mismo, exactamente lo mismo, pensamos de muchísimos de los que militan en las filas del nacionalismo. Conociendo a muchos de ellos, siempre nos ha resultado sorprendente su tolerancia, y hasta complicidad, con lo irracional de sus elites, cuando no con las actividades paranoicas de las bestias.

Con los mimbres que ahora se nos ofrecen no es posible fabricar el cesto de la Grandeza parlamentaria. Por si faltara poco, también hemos escuchado, y leído, la valoración de la legislatura efectuada por el portavoz de los socialistas, calificándola, en un alarde de entre cinismo y desfachatez, como la “más brillante” de la historia democrática de España. Sí. Está en lo cierto. La más brillante en despropósitos, en crispaciones y en banalidades y en el disfraz permanente de la verdad; es decir, lo más alejado de la Grandeza. ¿Cree el señor presidente dimisionario del Congreso, en su probada ingenuidad –ingenuidad y bondad que le reconocemos, y bien valoraramos- que quienes se han distinguido por utilizar a su comodidad la permanente tergiversación de hechos y situaciones, ocultación de intenciones y descalificación constante de los democráticamente discrepantes, son merecedores de una nueva oportunidad y de actuar con la Grandeza que usted reclama? No está hecha la miel para la boca del asno. Y una cantidad enorme de asnos ocupan los escaños de nuestro actual Parlamento, de manera que si por decisión de nuestros electores, al nuevo Parlamento accedieran los mismos de ahora, les resultará muy fácil a ustedes, dimisionario presidente y lector amigo, imaginarse el resultado. ¿Cuál ética inspirará el ejercicio de sus funciones?
¿Cuál será la ética utilizada por la ciudadanía también en el ejercicio responsable de sus funciones?

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