miércoles, 5 de marzo de 2008

Ciudadanía y Ética, y las elecciones IV

El ser humano y sus valores. CIUDADANÍA Y ÉTICA
Publicado en Canal NW. Nº 23. Enero de 2008

Cuarta parte. Querido lector amigo, este humilde columnista junto con su inseparable, contradictorio y numerosísimas veces insoportable íntimo yo, deseamos que su vida durante el pasado Tiempo de Adviento haya transcurrido plena de felices acontecimientos, y que esta presente Epifanía sea el preludio de un Año Nuevo en el que podamos continuar con nuestra firme defensa de los Valores consustanciales con nuestra naturaleza de seres humanos. Le prometo que, nosotros, seguiremos con nuestra particular misión de compartir las reflexiones que los acontecimientos cotidianos nos susciten y que tengan impacto, directa o indirectamente, en lo que más nos preocupa como individuos que vivimos en sociedad, preocupados por la recta interpretación y aplicación de principios morales en nuestras vidas: basados en la identificación de lo que está bien y de lo que no lo está. Es decir, lo que en ocasiones anteriores hemos rotulado como la diferencia entre SER y lo que DEBE SER.

Nos hemos visto sobresaltados por el asesinato perpetrado en Francia por los asesinos-terroristas-nacionalistas de ETA, hoy ya, afortunadamente, identificados y parcialmente detenidos, pero, también es cierto que con la convicción de que las bestias perpetrarán nuevos atentados; es su condición de bestias. En esto sí que estamos de acuerdo con lo manifestado por uno de los preclaros e ínclitos jueces de nuestro país, cuando dice que “… pueden matar cuando quieran”. Pues qué bien. Para decir tamaña obviedad no se necesita ser ni juez ni preclaro. Es tan obvio como que cualquier asesino, sea terrorista vasco o de cualquier otra naturaleza puede matar cuando quiera. No dejan de sorprendernos este tipo de manifestaciones que tienen difícil interpretación, salvo la de contribuir a relativizar la cuestión frente al interés último de los ciudadanos; vamos, al menos frente a un número muy importante de los ciudadanos que gustamos de conocer con claridad la realidad de los hechos y de las intenciones, sobretodo de quienes ejercen funciones tuteladoras de la vida pública, en el gobierno, en la judicatura o en la creación de opinión. Nos gusta conocer cuales son los principios éticos en los que se inspiran, y cuáles las reglas morales por las que se rigen. Y ya lo vamos conociendo, ya.

No dejan de sorprendernos tampoco algunas calificaciones del dramático hecho, establecidas por otra de las preclaras personalidades de la vida política, en este caso un miembro del gobierno, cuando ha tratado de decirnos que habría alguna diferencia entre un hecho “fortuito” o un hecho “premeditado”. Tendría que explicárselo con más claridad a las dos víctimas y a sus familias, y de paso a todos los demás que como nosotros, inteligencias y espíritus simples, no somos capaces de discernir sobre cuestiones tan elementales. Claro que entre lo fortuito o accidental, y lo premeditado o intencional, hay notables diferencias que siempre se tienen en consideración a la gravedad de los hechos que se pudieran juzgar en cualquier tribunal. Pero, lector ¿cuál es la intención del mensaje?, ¿que la muerte es diferente en cada caso?, ¿que los terroristas no querían hacer uso de sus armas, pero que en un impulso irrefrenable no pudieron controlarlas?, ¿que eran portadores de ellas al igual que los niños llevan sus juguetes al jardín?, o que, lo que ya sería el colmo, ¿que fueron provocados por la presencia de nuestros dos guardias civiles, que además iban desarmados?; tamaña provocación se les habría hecho insoportable a nuestras bestias no domesticadas. Mucho nos tememos que las intenciones del mensaje coinciden con las del ínclito juez, ya descritas.

Hagámonos aún más preguntas, ¿qué se nos da a nosotros, pero sobretodo a las víctimas, que la acción de las bestias hubiera sido fortuita o premeditada?, ¿serían por ello menos bestias? Pido perdón a un admirado profesor, por utilizar, aunque sólo sea en parte, el sustantivo de su invención; en parte porque él lo hizo más completo llamándoles hijos de la bestia, aunque para el caso, da igual que la bestia sea la organización que les moviliza y ellos sus hijos, y que, si no estuviésemos reflexionando con toda seriedad y con dolor, poniendo negro sobre blanco el resultado de tales reflexiones, hasta podríamos jugar gramaticalmente con la pertinencia de utilizar el término bestias como sustantivo o como adjetivo; creemos que tal juego no procede en tanto que insoportable frivolidad y en tanto que coincide en ambos casos con la verdadera naturaleza de quienes lo merecen. Pedimos disculpas, lector, por la digresión, que también en este caso tiene por objeto enfatizar la personalidad de los asesinos-terroristas-nacionalistas y solamente para eludir cualquier ambigüedad al uso, créannos. Júzguenos usted, lector, como guste, pero aspiramos a que no nos sitúe en el terreno de la ambigüedad.

Y no deja de sorprendernos tampoco la constante y rebuscada grandilocuencia de quienes tienen la máxima responsabilidad del gobierno, con la que tratan de explicar, y convencernos, de lo que hay que hacer y se hace, mientras que los hechos demuestran, tozudamente, que no se hace lo que es ética y moralmente exigible y que sólo tiene dos posibilidades de salida: una, la cesión a las pretensiones de los terroristas-nacionalistas, que son insaciables por naturaleza, y que supondría hacernos caer en toda una indignidad colectiva; o, dos, derrotarles con el uso de todos los instrumentos disponibles en la sociedad democrática, no esperando la milagrosa conversión, que no se va a producir, haciendo pública proclamación de lo que es moral y éticamente exigible: jamás nos sentaremos con los terroristas ni con sus mantenedores sin que se cumplan tres condiciones; la entrega de las armas; petición de perdón a las víctimas; cumplimiento íntegro de las penas a quienes les pudieran corresponder. ¿Cuál de las dos salidas preferimos? Nosotros lo tenemos claro, lo hemos tenido claro, y expresado, siempre ¿lo tiene igual de claro el señor presidente del gobierno de España?

Ha de saberse que, cualquiera que sea la salida elegida, va a seguir habiendo asesinatos y extorsión; por un lado, porque a los terroristas-nacionalistas siempre les parecerá lento el proceso de rendición, y por otro, para atemorizarnos. Esto ultimo no lo van a conseguir, porque hace falta mucho más para atemorizar a una sociedad firme en sus valores éticos ¿Realmente somos esa sociedad, o es fruto de nuestra personal ensoñación? Nos tranquilizaría tener la seguridad de que los deseos de terminar con el conflicto –e aquí una prueba más del uso perverso del lenguaje ¿de qué conflicto estamos hablando? ¿puede aceptarse como conflicto la existencia de actividades asesinas dentro de un estado democrático, debidamente organizado y consciente de su fortaleza?- que no tenemos la menor duda en suponerle al señor presidente del gobierno (siempre nos sentimos inclinados a suponer bondad de intenciones), los deseos de terminar con el “conflicto”, repetimos, han de corresponderse con hechos que no oculten lo engañoso de las frases grandilocuentes, y todos podamos sentirnos seguros de la firme decisión de terminar con los errores cometidos, esta vez sí, con espíritu de corrección ético-política, sin pantomimas pancarteriles, sin ridículas manifestaciones extemporáneas. Nosotros lo vemos así; vamos, sabemos que tiene que ser así. Ésta es nuestra ética ciudadana ¿Lo sabe usted, señor presidente? De no ser así, al menos estos dos espíritus políticamente incorrectos, desearíamos terminar el año que ahora comienza sin su presencia en el gobierno de nuestro país. Habría más razones, pero hoy nos conformamos con exponer ésta. Salud.

Adenda. Hasta aquí la reflexión de los primeros días de enero. Todo lo que nos preocupaba se ha ido confirmando. Y el broche acaba de ponerlo el candidado socialista a la presidencia del gobierno, en el transcurso del debate (?) del pasado lunes 3 de marzo, cuando dice "... cualquiera que sea el resultado de las elecciones, yo, apoyaré al gobierno en la lucha contra ETA, sin condiciones", y repite, sin condiciones. Es decir, no le importa que sea negociación, cesión, fusión, fisión.... Usted y nosotros tenemos la palabra el día 9 para recuperar la fortaleza moral de la que carecen algunos políticos sin escrúpulos.

No hay comentarios: