jueves, 29 de marzo de 2012

ATALAYA. Y ahora ...qué


Ya pasó el 25 de marzo, ya pasó lo que pasó en Asturias y Andalucía. ¿Y qué pasó?  Pues, aparentemente, nada. Todo parece seguir como estaba. Sin embargo ¿podemos afirmar sin temor a equivocarnos que todo sigue igual?  En cuanto a lo que se refiere al reparto ideológico, si lo reducimos a una diferencia entre izquierda y derecha –lo que en sí mismo no deja de ser una arriesgada abstracción- sólo pequeñas diferencias encontraremos en cuanto a la suma de los escaños obtenidos por cada uno de ambos bandos.  Pero sí han ocurrido cosas.  Lo de los votos y el reparto de escaños ya lo conoce usted, mi querido amigo, y mi atalaya de hoy no pretende referirse a eso.  Lo que despierta mi interés de hoy y de estos pasados y próximos días, son otras cosas: sus causas y sus consecuencias.

Comenzando por Asturias, mi otra querida y entrañable matria. Toda una movilización propagandística, toda una escenificación de rencillas y desavenencias tribales, con una utilización prevaricante de los recursos públicos, tanto en coste monetario como en la distracción de la capacidad de las personas que, en lugar de dedicar su esfuerzo y su inteligencia (me temo que de esta segunda, andan todos muy escasos), a la función de ordenar y mejorar la vida de los asturianos, han dedicado unos y las otras, a malgastarlos inmisericordemente, provocando la desafección de sus conciudadanos. Que casi la mitad del censo no hubiese acudido a votar nos permite deducir tal desafección ¿no le parece a usted?  Las causas comienzan en la acomodada instalación de los dirigentes del Partido Popular, convirtiendo su función de oposición en una auténtica profesión durante varias legislaturas; continúan con la incapacidad para lograr una candidatura única, entre afines (muy afines podríamos decir) que afrontase las elecciones del pasado año con garantías de mayoría absoluta; y culmina con la esperpéntica convocatoria de elecciones anticipadas, confirmando la referida incapacidad de los interpares para evitar el ridículo.

Sí, lector, ridículo; porque no otra cosa significa que ambos interpares hayan sido derrotados por el espectador que, sentado a la puerta de su casa, ha esperado el paso de los cadáveres de sus rivales. A este otro espectador que le escribe a usted, mi querido amigo, tales interpares le parecen auténticos cadáveres, políticos, claro. En este preciso momento, desconozco hacia donde se inclinará el cuarto y novedoso protagonista de esta historia. No importa, el hecho verdaderamente notable es que los reiterados interpares han “mandado a volar”, así dicen los españoles de México (algún día le diré el por qué me gusta este gentilicio) todo su potencial. Y estas son las consecuencias: la desafección de los votantes, muy especialmente de los suyos propios, una más que probable entrega en bandeja del gobierno del Principado a los socialistas y, con ello, el retorno al mando de los que no han sabido hacer otra cosa que conducir a Asturias a la situación en la que se encuentra. El efímero período Cascos es sólo una anécdota más de toda esta ridícula historia ¿Obtendrá alguien alguna enseñanza de esto?

El caso de Andalucía es diferente. El grado de desafección de los votantes del Partido Popular es semejante al asturiano, pero sus causas no me parecen iguales a las que provocaron la catástrofe de la comunidad norteña.  Aquí es cierto que los populares crecieron respecto a la situación precedente, poco, pero crecieron; sin embargo, el fracaso es evidente al no lograr la mayoría absoluta que se les pronosticaba por la práctica totalidad de los “augures” de la cosa, y que ellos mismos se creían ¿Qué fue lo que provocó entonces la desafección de los casi 500.000 votantes que, según los analistas, dejaron de votar al Partido Popular, en relación con las pasadas elecciones generales?  Esos, más los que completan la diferencia entre la participación media y la que realmente se ha producido. ¿Por qué todos esos votantes que se esperaba que provocaran tal vuelco en la situación política andaluza se abstuvieron de hacerlo?

Déjeme lector omitir el enorme deterioro que los escándalos de corrupción y clientelismo, si viviéramos en una sociedad consciente, por si solos habrían hecho desaparecer de la esfera política a quienes los hicieron posibles (este comentario lo hago extensivo a cualquier formación política y a cualquier territorio, eh, no se crea usted otra cosa), y déjeme apuntar hacia lo siguiente:  El enfado producido por la inesperada, inútil a todas luces, pero sobre todo, injusta, subida del impuesto sobre la renta, y la fallida jugada de demorar la presentación de los Presupuestos Generales del 2012.

Respecto de lo primero, ya se ve que no se está recaudando más, ya se vió que tampoco sirvió para ganarnos la confianza de lo que se dicen “mercados” (este atalayista, atalayino, o mejor aún, atalayente, se permitió la osadía de denunciarlo así en su momento), y sí en cambio para crear un malestar generalizado porque la opinión pública entendía, y entiende, que no era ahí por donde había que comenzar la cirujía; sí en cambio en muchos otros aspectos sobre los que desde esta columna ya se hizo cuestión.

Y respecto de lo segundo, en vez de someter al Parlamento a su debido tiempo un proyecto de Presupuestos en el que estuviesen contempladas ya TODAS las medidas quirúrgicas que la situación requiere, pues no se hizo así, se demora tres meses, se adoptan algunas medidas que no pasan de ser remiendos que ahora hay que modificar, y se escoge un perfil de baja agresividad incapaz de contrarrestar la propaganda izquierdista basada en el “que viene el lobo”. Y así resultó la cosa. ¿Alguien habrá obtenido alguna enseñanza de esto?  Mire, querido lector, no sé cuál será su experiencia vital, pero la de este atalayente consiste en lo siguiente:  Siempre que demoré, o aún peor, no tomé las decisiones que correspondían, pretendiendo con ello disminuir eventuales tensiones, obtener consenso, y, hasta en última instancia ganarme la simpatía de los circunstanciales afectados ¡¡¡FRACASO ABSOLUTO!!!  Ni conseguí disminuir las tensiones, ni obtuve el consenso esperado, y, para colmo, si ya no resultaba simpático, encima, pasé a ser considerado tonto.

Moraleja, para quien quiera, o pueda, extraer algún aprendizaje:  No se deje nunca de hacer lo que haya que hacer, y cuando haya que hacerlo, por dificultoso y arriesgado que parezca.  De lo contrario, las consecuencias resultan peores que los temores. Sr. Rajoy, usted verá, pero desde aquí me tomo la libertad de insistir en lo de siempre:  ¡Haga lo que deba hacer!, sin temor y sin melindrosidades que a nada bueno conducen. Así sí que se gana confianza.  Salve, una vez más.

jueves, 22 de marzo de 2012

ATALAYA. De déficits, de deudas y ...


Ahora que parece que todo el mundo va a empezar a pagar sus deudas, bueno, lo harán aquellos que reciban dinero por conductos varios, claro, pero lo que este asunto del pago de las deudas me trae a la mente no es otra cosa que la inyección de 35.000 millones de € -óigame, calderilla, eh-, que el gobierno va a facilitar a ayuntamientos y otros organismos de la administración pública, para que, vaciando los cajones de facturas pendientes puedan afrontar el cumplimiento de la obligación de pagarlas. Hasta ahí todo parece indicar que vamos camino de convertirnos en un país serio, cuyas instituciones públicas cumplen con sus compromisos. Éstas fueron, más o menos, las palabras pronunciadas no hace muchos días por el propio presidente del gobierno, Sr. Rajoy. Y yo aplaudo, amigo lector, que nos vayamos convirtiendo en un país serio; mejor dicho, que recuperemos la seriedad, tantas veces perdida como tantas otras recuperada ¡vaya por Dios, qué cruz!  Pero también aplaudiría, y seguro que con no menos energía, que también nos convirtiéramos en un país serio y competente para no adquirir más compromisos que aquellos cuyo cumplimiento podemos afrontar, sin comprometer aún más la fiabilidad a la que aspiramos.

No me olvido de la deuda que yo tengo que pagar con ustedes dando más vueltas a temas ya anteriormente comentados, no, no crea.  Pero volviendo a lo del párrafo anterior, a este servidor de usted le gustaría que fuese explicada la situación contable de todas esas facturas que ahora se pretende pagar; por ejemplo ¿están previamente contabilizadas y controladas por los respectivos servicios de la Intervención? O ¿estaban simplemente ocultas y sin pasar por ningún control de la gestión pública? ¿Qué cantidad en un caso y en el otro?  La situación de estos compromisos tiene su interés, créame, porque no solo afecta al sentido de la responsabilidad de los gestores públicos, sino también a una falsificación intencionada de la realidad, lo cual debería acarrear consecuencias, no solamente políticas, sino también penales. Y si queremos volver a ser considerados como un país serio, ese sería uno más de los grandes caminos a recorrer: la depuración de responsabilidades. Que ningún gestor público, o gestor de recursos públicos, disfrute de impunidad.  Comparativamente, los gestores privados están mucho más alejados de la impunidad, aunque excepciones las haya y usted y yo ya lo vamos sabiendo.

Pero también tiene otra consecuencia, cuál es la de cómo afecta a nuestros bolsillos. Hace unos días escuchaba a unos ínclitos e inefables comentaristas, tales adjetivos son aplicables a la misma persona, créame, afirmar que los tales treinta y cinco mil millones no representaban incremento del déficit. Pues verá usted, mi amigo lector, según y como; cuando uno tiene contabilizada una deuda, si para pagarla tuviera que contraer un crédito la deuda seguiría siendo la misma (si no tuviéramos en cuenta, gastos, intereses, quitas, etc.), pero admitamos que seguiría siendo la misma, sólo que cambiando de acreedor. Ah, pero ¿qué sucede cuando tal deuda aflora “ex novo” por no estar contabilizada?  Primero, si tenemos efectivo se paga, con lo que disminuye en la misma cuantía nuestro capital circulante; en tal caso, la deuda no aumenta, pero sí lo hace el déficit al incorporar gastos cuyas cuantías no estaban previstas en los presupuestos; por lo tanto, déficit. Segundo, si no tenemos efectivo para pagar, y queremos hacerlo, no nos queda más remedio que acudir al crédito, con lo cual incrementamos el déficit y además la deuda. Y los aumentos en los déficits generan más deuda. Lo mismo le sucede a nuestro prestamista cuando no tiene dinero en caja. Esto lo sabe perfectamente el Sr. Montoro, y acabaremos por saberlo nosotros también cuando lo tengamos que pagar. Porque lo pagaremos, se lo aseguro. Como pagamos todo ¿quién si no?

Se preguntará usted que qué tiene todo esto que ver con la deuda que yo tengo de tratar un asunto como el de que el abaratamiento del despido no tiene que generar incremento en el desempleo. Lo iremos viendo juntos. Lo que verdaderamente afecta al desempleo es la caída de la actividad económica que no sólo sufre la crisis de los mercados, sino también en gran medida la inadecuación de las estructuras organizativas, ya sean empresariales, financieras o fiscales, y como consecuencia una menor capacidad de competir. Es por ello que se hacen tan necesarias las reformas en la reglamentación laboral (aunque no sólo en ella), reformas que permitan con menor coste la adaptación de las empresas a las nuevas realidades. Y ocurre que un gran número de empresas han tenido que desaparecer y otras estarán a punto de hacerlo por incapacidad de abordar los costes de una reestructuración ¿Qué preferimos?  ¿Reestructurarnos, o desaparecer todos?  Que trabajen aquellos para los que hay trabajo, o que no haya trabajo para ninguno. Que soportemos entre todos, como ya lo estamos haciendo, el coste de los subsidios, siempre temporal, o una situación de desempleo absolutamente insostenible, de tal forma que ya no queden ni sostenedores (iba a escribir otra palabra con la misma raíz, pero …).

Mientras tanto, uno se entera de dos actitudes ciertamente contrapuestas. La de los empresarios, encargados por misión y por vocación de generar riqueza y empleo, que se proponen reducir los costes de sus organizaciones asociativas. Bien. A este servidor le falta ver que renuncian a las subvenciones que reciben de las distintas administraciones del Estado, y que sus actividades y servicios las financian con sus propios recursos.  Y la de los sindicatos, que no parecen abordar nada más que aquellas a las que forzadamente se ven conducidos porque se quedan sin “caja” (parece que ya han emprendido algún ERE que otro). Eso sí, continuarán con su fiesuelga, bajo un nuevo y curioso argumento esgrimido por uno de sus preclaros líderes: esta reforma laboral pareciera escrita por los empresarios. Bueno, este argumento merecería cierta credibilidad si sus organizaciones resultaran sostenibles, y sostenidas por sus propios afiliados, sin las escandalosas contribuciones del Estado.  Entonces sí, estarían dando la medida de su propia capacidad, y todos veríamos de qué manera cambiarían sus propuestas.

No sé si comencé a pagar deudas con los asuntos que con usted tenía comprometidas, pero como voy a continuar “dando la vara”, se lo prometo, poco a poco y cambiando de tercio de vez en cuando, iré cumpliendo.  No obstante, hoy no quiero despedirme sin lanzar un nuevo reto:  ¡Sr. Rajoy, acabe con las subvenciones, con todas!

Salve

jueves, 15 de marzo de 2012

ATALAYA. Fisuelga


Amigo lector, te saludo hoy pidiendo de antemano disculpas por el tuteo, pero es que esto va de “camaradas”, y por lo tanto estimo su pertinencia; y las disculpas las hago extensivas también al palabro con el que titulo esta atalaya. Doy por sentado que tu perspicacia habitual habrá deducido que corresponde a una broma relacionada con las festivas manifestaciones hasta ahora convocadas por los inefables sindicatos mayoritarios españoles, previas a la huelga con la que van a dar un colorido especial a las ciudades y pueblos y a contribuir en forma notable al desarrollo de la economía y a la protección de los derechos de todos los trabajadores, ante la afrenta que estamos sufriendo por parte de los gobernantes de la nación.  Eso es lo que ellos dicen.

La utilización de la palabra en cuestión (corrijo, de la broma en cuestión, ya que en modo alguno tal engendro puede adquirir la categoría y condición de palabra), pudiera ser acogida como de muy mal gusto, dado que la cosa no es para tomársela a broma. Y es muy cierto. La situación no está para bromas. Pero déjame explicar su por qué.  Viendo uno los semblantes de los ¿90.000? asistentes a las referidas manifestaciones (90.000 en toda España, eh), bueno, tal vez algunos más porque a los tales hay que añadir aquellos otros que ejercen la representación de los respectivos partidos políticos expresando de esta manera su apoyo a las organizaciones sindicales, y algunos otros, pocos, que creen en la buena fe de los convocantes, y que también de buena fe se suman a ellos.  Si no estuviese protegido por la Constitución el derecho a la intimidad, y si pudiésemos ver las filmaciones que con total certeza la tecnología disponible permite hacer, y se hace, comprobaríamos que esos 90.000 y más, son siempre los mismos; y son los mismos que no solamente cobran por un puesto de trabajo en las empresas sin trabajar en ellas, los famosos “liberados”, sino que se empeñan sistemáticamente en obstaculizar su desarrollo.

Esto que acabo de escribir representa el añadido de nuevos leños para la hoguera en la que, seguro que no pocos (desde luego espero que tú no), desearían ver como me consumo en ella como justo castigo a mis contumaces herejías.  Pero no importa. Digo lo que digo, porque así lo veo. Y repito, viendo tales semblantes, uno se pregunta ¿todos estos 90.000 y poco más, pretenden solucionar los problemas que se derivan del desempleo y de la atonía económica? O, ¿se han tomado un día de asueto en franca camaradería con sus colegas de otras latitudes?  Por su semblante, a mí se me antoja que lo segundo.  Pero esto lo refiero solamente a las manifestaciones, eh, amigo lector; ya verás cómo la cosa va a ser muy diferente en lo que se refiere a la huelga, de ahí que humorísticamente uní en forma apocopada las palabras, estas sí, fiesta y huelga.  Ya verás como las van a gastar esos 90.000, por junto o por separado, el día 29.  El semblante de fiesta desaparecerá, para dar lugar a las ya tradicionales actividades extorsionadoras de la vida pública y de los derechos individuales. Ya lo verás.

La lucha contra la afrenta es su argumento. Y esa lucha la plantean quienes arguyendo la defensa de los derechos de los trabajadores, no han sido capaces de contribuir en nada a la corrección del dramático desempleo actual, con la sola excepción de mantener sus privilegios y de aumentar el déficit público que, a la postre, hemos de pagar todos, los sindicalistas y los no sindicalistas.  Eso sí, solo aparecen cuando el gobierno pertenece a una corriente política liberal-conservadora, y cuando éste parece que comienza a animarse a reducir las jugosas subvenciones con las que se financian sus privilegios. ¡Caray, cómo es que no nos dimos cuenta de que esa es la madre del cordero!  Ven amenazados los presupuestos tan cuidadosamente nutridos por los gobiernos afines, y entonces, como las aportaciones de sus afiliados no dan para mantenerse en las mismas condiciones, organizan lo que organizan.  De defender los derechos de los trabajadores, nada de nada, son los suyos particulares, sin duda.

Cuando uno lee lo escrito por algún periodista generador de opinión de que no hay que demonizar a los sindicatos, le invade una cierta perplejidad, porque no es necesario demonizarlos ¡se demonizan ellos solitos! No hay más que escuchar las indocumentadas formulaciones de sus líderes, y ver como la única solución que aportan es un intento de paralizar el país, tratando de mantener una situación completamente insostenible. Y esto ya no parece una cuestión de ideología política, sino de pura eficacia en aras de la misión que un sindicato moderno debe cumplir (de existencia necesaria, por otra parte), pero que desde luego no pasa por convertirse en un obstáculo para la recuperación económica.

Justamente esa, la recuperación económica, es la responsabilidad ineludible de cualquier gobierno responsable; y cambiar modelos periclitados y afrontar soluciones aún a riesgo de equivocarse, es en lo que nosotros desde aquí insistimos ¡Rajoy, haz lo que tengas que hacer, y contra quien tengas que hacerlo! (el tuteo es circunstancial, eh, no creas otra cosa). Asegurar el orden público el día 29, los demás días también, y garantizar el acceso a los puestos de trabajo a quienes quieran hacerlo, es una tarea que sí ayudaría a generar confianza. Y retirar todas las subvenciones a los sindicatos y a las organizaciones empresariales (y a partir de ahí hablamos), también supondría ganar en confianza y caminar indefectiblemente al deseado cambio de modelo de relaciones. No caigas en las trampas de quienes te ofrecen diálogo, cuando lo que pretenden es no cambiar por medio del diálogo.

No me olvido de que estoy en deuda con alguno de vosotros en cuanto a explicar mi posición sobre por qué no considero que un abaratamiento del despido ha de conllevar un incremento del desempleo.  También debo más consideraciones sobre el concepto de austeridad y su impacto positivo en el desarrollo. Y, por supuesto, recuperaré el usted transitoriamente abandonado.

Salve.

viernes, 9 de marzo de 2012

ATALAYA. Afinidades y ...


Cuando uno tiene el atrevimiento de compartir sus opiniones en un espectro tan amplio de difusión como el que ofrecen las actuales tecnologías de la comunicación, que ya nos conducen a casi todos a estar en las “nubes”, a estar observados y controlados desde esas mismas nubes, ese atrevimiento, repito, le lleva a disfrutar de las aportaciones que recibe tanto de quien discrepa como de quien matiza, y ahí está precisamente la riqueza del debate en una sociedad abierta cuyos componentes buscamos encontrarnos a nosotros mismos cada día, y que es por medio del debate intelectual con los que en un momento dado fueran discrepantes, y que al momento siguiente fueran matizantes, y que posteriormente fueran lo contrario, como se va construyendo el edificio de nuestra convivencia con honestidad y con rigor.

Se preguntará usted el por qué del título de esta atalaya de hoy, y el por qué de su preámbulo. Se lo voy a decir, que es lo que supongo que usted espera.  Me lo suscita una información leída hace unos días sobre la opinión de un profesor de una de las más prestigiosas escuelas de negocios, en la que retrotrayéndose a la situación presupuestaria del estado de años atrás (discúlpeme por no recordar ahora el año), en la cual se había producido un equilibrio entre los gastos y los ingresos –que realmente representaba la plataforma desde la cual se originaba el crecimiento-, y sugería al actual gobierno que para su proyecto de presupuestos del año 2012 analizase partida por partida su contenido, y vería el enorme margen de eliminación de todo aquello que nada tiene que ver con el crecimiento ni con el mantenimiento de los servicios esenciales de nuestro bienestar ¿Recuerda usted una atalaya en la que me refería a un no tan antiguo método llamado Presupuesto Base Cero?  Pues eso, amigo mío, ahí es donde radica mi afinidad con el profesor, y refuerza mi ánimo para seguir insistiendo en la obligatoriedad de eliminar todo lo superfluo, redundante e ineficaz.

¿Cree usted que debo repetirme?  Pues, mire, lo haré aunque no lo crea; repetiré hasta la saciedad que hay que reconsiderar el asunto de las subvenciones desde una base cero; eso significa que de entrada hay que suprimirlas todas; y después veremos; suprimir incluso hasta aquellas que más les pudieran doler a algunos: sindicatos (hay que ver qué obsesión ¿no?), organizaciones empresariales y partidos políticos.

Y debo repetirme también en la imprescindible eliminación progresiva de organismos y sociedades que, demostrándose está, solo han servido para eludir el también obligatorio control de la administración oficial del estado, permitiendo que cada quien hiciese lo que le venía en gana pervirtiendo el uso de los recursos públicos.  Y debo repetirme también en la corrección de las disfunciones entre la administración central del estado y las autonomías.  Que no le tiemble el pulso, Sr. Rajoy, a la hora de abordar este tema; explique usted con meridiana claridad qué es lo que piensa sobre ello, busque los consensos necesarios, pero, con consenso o sin él ¡hágalo! Haga las reformas que sean necesarias para eliminar redundancias, ya sean bi-dundancias, o tri-dundancias (mis lectores académicos echarán un poco más de leña a la hoguera en la que algunos gustarían de verme abrasar, pero no me resisto a la tentación de jugar un poco con su sentido del humor, y también con el mío. Percibo que también en esto he de encontrar numerosas afinidades.

Yo mismo voy a echar un poco más de leña en mi hoguera, ahora mismo, en la certeza de que también aquí se van a producir afinidades, o no ¡quién sabe!  Lo que sí se sabe es que la jerarquía de los sindicatos, estos extraordinarios librepensadores que nos perdonan la vida todos los días –Dios mío ¡asombra su nivel cuando se les oye argumentar!-, han organizado movilizaciones haciéndolas coincidir con la fecha en que se produjo el mayor atentado terrorista del continente europeo.  Bien por ellos.  Con esto se justificaría sobradamente la retirada completa de las prebendas de las que disfrutan. No es esto, no es esto …  retomando la angustiada expresión orteguiana.  No es para esto para lo que se necesita la presencia de los sindicatos en la sociedad. No es para esto. Y si lo consideran así, que lo hagan a su propia costa, y no con el dinero de todos los que pagamos impuestos.

Más leña al fuego. No crea usted que hoy me he levantado incendiario, amigo mío. Ni que, aunque lo parezca pretendo inmolarme en aras de la contumacia en mis opiniones (he leído recientemente algo que ya sabía desde hace muchísimo tiempo: que no hay procedimiento más eficaz para generar opinión que la repetición sistemática y frecuente de ideas muy simples y concretas. Pues eso)  ¿Sabe en qué me voy a repetir ahora?  Pues en comentarios anteriores sobre lo que sucede en el País Vasco ¡Pobre jefe de gobierno López!  Sabe perfectamente que en las próximas elecciones, 2013 si no se adelantan (no es una premonición, eh), va a cosechar tan estrepitosa derrota que lo mejor que se le ocurre es dejar detrás de sí tierra quemada.  Los electores vascos muy fácilmente van a pensar que para seguir al Sr. López es mejor hacerlo ya con los nacionalistas y con los acólitos de los terroristas, porque siempre serán más coherentes con sus principios, que no con los de un converso socialista. Pero se ve que a estos dirigentes socialistas que nos ha tocado soportar les da igual.

Cierro hoy manifestando afinidad, expectante desde luego, pero afinidad al fin y al cabo, con los jueces Grande-Marlaska, Ruz y otros, que parecen dispuestos a poner orden en las instrucciones, y a ordenar investigaciones dónde deben ser ordenadas especialmente en todo lo que se relaciona con la corrupción y el inacabado 11M, el problema jurídico más grave al que se hubiera enfrentado la justicia española. Los autores de estas contumaces atalayas quieren, necesitan, saber quién ordenó la masacre, quienes incumplieron sus obligaciones para con el estado, y por qué.  Alguien teme que esto llegue a saberse. Nosotros no.  ETA, sí, y otros también.

Su eterno amigo, discrepante o matizante, pendiente de la hoguera.
Salve

jueves, 1 de marzo de 2012

ATALAYA. ¿Lo sabían?




¿Por qué pregunto si lo sabían?  Sencillamente, amigo lector, por la tremenda escandalera, y lo que nos espera, que se está montando al hilo de las medidas que el gobierno está anunciando que va a tomar, y contra las cuales comienzan a emprender, tirios y troyanos, toda una serie de acciones de carácter obstruccionista, alguna de ellas claramente delictivas, y en gran parte estimuladas, precisamente por aquellos que han creado la obligatoriedad de tomarlas, habida cuenta de su demostrada incapacidad para hacerlo, cuando había que hacerlo; y no solo incapacidad, sino con una clara voluntad de continuar agravando la situación, lo que eleva su rango a irresponsabilidad manifiesta.

Claro que sabían que el déficit era un 40% superior al que decían que tendríamos. ¿Cómo no lo iban a saber, si lo habían creado ellos?  Deberían esconderse debajo de las mesas para ocultar la vergüenza de haber sido descubierta la trampa tendida al nuevo gobierno; porque trampa es ocultar una realidad más grave que la declarada para que los remedios tengan que ser más traumáticos aún de lo que ya se esperaba, y encontrar así una justificación para hacer una oposición, absolutamente legítima en términos parlamentarios, pero también absolutamente ilegítima impulsando, abierta o subrepticiamente, manifestaciones, algaradas y tal vez huelgas.

Claro que sabían que la ÚNICA forma eficaz de reducir el déficit era la aplicación de medidas de austeridad –díganlo en contra cuantos premios nobel quieran (un tal Balseiro dixit), austeridad representada por una drástica reducción (eliminación) de los gastos inútiles, supérfluos, ineficientes y redundantes. Nunca, amigo lector, amigo Sr. Rajoy, a costa de los servicios básicos del estado: sanidad, educación, justicia, defensa … ¿se me entiende bien, señores? Nada que tenga que ver con la austeridad debería afectar a tales capítulos, porque hay margen de sobra en la búsqueda de una mayor eficiencia en el empleo de los recursos, y si esto se hace así, la austeridad no tiene por qué contraponerse al crecimiento, se lo aseguro, es más bien justo al revés. Pero no solo no hicieron lo que debían sino que constantemente lo incrementaron colocando a España en la situación interna y externa más peligrosa de la historia, con toda probabilidad, guerras aparte.

Claro que sabían que para mejorar la competitividad de nuestra economía, una de las más importantes medidas sería la de acometer una reforma en profundidad del mercado laboral; una reforma que solamente se atrevieron a disfrazar con tibios remiendos que si algún efecto produjeron lo fue el de no contener la caída del desempleo, y sí el del decrecimiento del PIB. También por esto deberían esconderse debajo de las mesas, para evitar la vergüenza de que les vean los millones de personas que están sufriendo el drama del desempleo.  ¡Ah, si ya ellos mismos están comenzando a padecer el desempleo!  Claro, ante una reducción importante de sus ingresos como consecuencia de la pérdida del poder, han de verse obligados a la disminución de sus estructuras.  Un poco de la medicina que prescribieron para todas las empresas, para los jubilados, para los funcionarios y para muchas organizaciones no gubernamentales. Argumentar ahora que los empresarios van a despedir más porque les resulte más barato, es una falacia mayúscula porque ¿desde cuándo los empresarios tienen entre sus prioridades la del despido? ¿qué empresario en sus cabales despide por despedir, o bajo criterios arbitrarios?  Y aquel que lo haga que le caiga todo el peso de la ley, que el estado tiene instrumentos sobrados para hacerlo.

Sr. Rajoy, señores ministros, ustedes también lo sabían. Sabían, por tanto, que a esto se tenían que enfrentar  ¡háganlo!  sin ningún tipo de miramientos, incluso con los que sean afines a su partido, sean comunidades autónomas, ayuntamientos, organismos de toda naturaleza y condición. Cancelen las subvenciones a los sindicatos –otros a los que la vergüenza parece no ir con ellos-, empresarios y partidos políticos; y continúen eliminando gradualmente (espero que el 20% sea solo para este año), la multitud de sociedades e instrumentos que solo fueron creados para justificar una inducida ineficacia de nuestros funcionarios, cuya general probidad defiendo, y a los que lo más importante que les falta es mandos adecuados y motivación.

Y también sabían, lo sabíamos todos, lo mucho que entre bastidores se cocinó en torno a negociaciones y pactos con los representantes de los terroristas de ETA –cuando no con ellos mismos-, concluyendo con su presencia en las instituciones democráticas.  Convendría Sr. Rajoy, se lo repito, y lo haré cuantas veces haga falta, que instruyese ampliamente en esta materia a su Ministro de Interior, porque por los síntomas que este servidor detecta, ya nos podemos imaginar de qué hablaron D. Jorge Fernández y D. José L. Rodríguez Zapatero, y cuáles pudieran ser sus consecuencias. Las declaraciones del ministro no pueden obviar las condiciones expuestas por el nuevo presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional, D. Fernando Grande Marlaska; palabras que, por otra parte, y sin el menor recato, fueron escritas casi al pie de la letra por este servidor de ustedes (o si lo prefieren por el tal Balseiro), allá por los años 2006, 2007: desvinculación de la organización terrorista, arrepentimiento, petición de perdón a las víctimas y la asunción de sus responsabilidades penales. Y claro, el desarme total.  Es patética la actitud del jefe de gobierno vasco, Sr. López, que como siga empleando argumentos al uso forzosamente le van a conducir a su práctica desaparición del arco político vasco. Al tiempo.

Salve, por hoy, lector amigo.