Cuando uno tiene el atrevimiento
de compartir sus opiniones en un espectro tan amplio de difusión como el que
ofrecen las actuales tecnologías de la comunicación, que ya nos conducen a casi
todos a estar en las “nubes”, a estar observados y controlados desde esas
mismas nubes, ese atrevimiento, repito, le lleva a disfrutar de las
aportaciones que recibe tanto de quien discrepa como de quien matiza, y ahí
está precisamente la riqueza del debate en una sociedad abierta cuyos
componentes buscamos encontrarnos a nosotros mismos cada día, y que es por
medio del debate intelectual con los que en un momento dado fueran
discrepantes, y que al momento siguiente fueran matizantes, y que
posteriormente fueran lo contrario, como se va construyendo el edificio de
nuestra convivencia con honestidad y con rigor.
Se preguntará usted el por qué
del título de esta atalaya de hoy, y el por qué de su preámbulo. Se lo voy a
decir, que es lo que supongo que usted espera.
Me lo suscita una información leída hace unos días sobre la opinión de
un profesor de una de las más prestigiosas escuelas de negocios, en la que
retrotrayéndose a la situación presupuestaria del estado de años atrás
(discúlpeme por no recordar ahora el año), en la cual se había producido un
equilibrio entre los gastos y los ingresos –que realmente representaba la
plataforma desde la cual se originaba el crecimiento-, y sugería al actual
gobierno que para su proyecto de presupuestos del año 2012 analizase partida
por partida su contenido, y vería el enorme margen de eliminación de todo
aquello que nada tiene que ver con el crecimiento ni con el mantenimiento de
los servicios esenciales de nuestro bienestar ¿Recuerda usted una atalaya en la
que me refería a un no tan antiguo método llamado Presupuesto Base Cero? Pues eso, amigo mío, ahí es donde radica mi
afinidad con el profesor, y refuerza mi ánimo para seguir insistiendo en la obligatoriedad de eliminar todo lo
superfluo, redundante e ineficaz.
¿Cree usted que debo repetirme? Pues, mire, lo haré aunque no lo crea;
repetiré hasta la saciedad que hay que reconsiderar el asunto de las
subvenciones desde una base cero; eso significa que de entrada hay que
suprimirlas todas; y después
veremos; suprimir incluso hasta aquellas que más les pudieran doler a algunos:
sindicatos (hay que ver qué obsesión ¿no?), organizaciones empresariales y
partidos políticos.
Y debo repetirme también en la
imprescindible eliminación progresiva de organismos y sociedades que,
demostrándose está, solo han servido para eludir el también obligatorio control
de la administración oficial del estado, permitiendo que cada quien hiciese lo
que le venía en gana pervirtiendo el uso de los recursos públicos. Y debo repetirme también en la corrección de
las disfunciones entre la administración central del estado y las
autonomías. Que no le tiemble el pulso,
Sr. Rajoy, a la hora de abordar este tema; explique usted con meridiana
claridad qué es lo que piensa sobre ello, busque los consensos necesarios,
pero, con consenso o sin él ¡hágalo! Haga las reformas que sean necesarias para
eliminar redundancias, ya sean bi-dundancias, o tri-dundancias (mis lectores
académicos echarán un poco más de leña a la hoguera en la que algunos gustarían
de verme abrasar, pero no me resisto a la tentación de jugar un poco con su
sentido del humor, y también con el mío. Percibo que también en esto he de
encontrar numerosas afinidades.
Yo mismo voy a echar un poco más
de leña en mi hoguera, ahora mismo, en la certeza de que también aquí se van a
producir afinidades, o no ¡quién sabe!
Lo que sí se sabe es que la jerarquía de los sindicatos, estos
extraordinarios librepensadores que nos perdonan la vida todos los días –Dios
mío ¡asombra su nivel cuando se les oye argumentar!-, han organizado
movilizaciones haciéndolas coincidir con la fecha en que se produjo el mayor
atentado terrorista del continente europeo.
Bien por ellos. Con esto se
justificaría sobradamente la retirada completa de las prebendas de las que
disfrutan. No es esto, no es esto …
retomando la angustiada expresión orteguiana. No es para esto para lo que se necesita la
presencia de los sindicatos en la sociedad. No es para esto. Y si lo consideran
así, que lo hagan a su propia costa, y no con el dinero de todos los que pagamos
impuestos.
Más leña al fuego. No crea usted
que hoy me he levantado incendiario, amigo mío. Ni que, aunque lo parezca
pretendo inmolarme en aras de la contumacia en mis opiniones (he leído
recientemente algo que ya sabía desde hace muchísimo tiempo: que no hay
procedimiento más eficaz para generar opinión que la repetición sistemática y
frecuente de ideas muy simples y concretas. Pues eso) ¿Sabe en qué me voy a repetir ahora? Pues en comentarios anteriores sobre lo que
sucede en el País Vasco ¡Pobre jefe de gobierno López! Sabe perfectamente que en las próximas
elecciones, 2013 si no se adelantan (no es una premonición, eh), va a cosechar
tan estrepitosa derrota que lo mejor que se le ocurre es dejar detrás de sí
tierra quemada. Los electores vascos muy
fácilmente van a pensar que para seguir al Sr. López es mejor hacerlo ya con
los nacionalistas y con los acólitos de los terroristas, porque siempre serán
más coherentes con sus principios, que no con los de un converso socialista.
Pero se ve que a estos dirigentes socialistas que nos ha tocado soportar les da
igual.
Cierro hoy manifestando afinidad,
expectante desde luego, pero afinidad al fin y al cabo, con los jueces
Grande-Marlaska, Ruz y otros, que parecen dispuestos a poner orden en las instrucciones,
y a ordenar investigaciones dónde deben ser ordenadas especialmente en todo lo
que se relaciona con la corrupción y el inacabado 11M, el problema jurídico más
grave al que se hubiera enfrentado la justicia española. Los autores de estas
contumaces atalayas quieren, necesitan, saber quién ordenó la masacre, quienes
incumplieron sus obligaciones para con el estado, y por qué. Alguien teme que esto llegue a saberse.
Nosotros no. ETA, sí, y otros también.
Su eterno amigo, discrepante o
matizante, pendiente de la hoguera.
Salve
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