Amigo lector, te saludo hoy
pidiendo de antemano disculpas por el tuteo, pero es que esto va de
“camaradas”, y por lo tanto estimo su pertinencia; y las disculpas las hago
extensivas también al palabro con el que titulo esta atalaya. Doy por sentado
que tu perspicacia habitual habrá deducido que corresponde a una broma
relacionada con las festivas manifestaciones hasta ahora convocadas por los
inefables sindicatos mayoritarios españoles, previas a la huelga con la que van
a dar un colorido especial a las ciudades y pueblos y a contribuir en forma
notable al desarrollo de la economía y a la protección de los derechos de todos
los trabajadores, ante la afrenta que estamos sufriendo por parte de los
gobernantes de la nación. Eso es lo que
ellos dicen.
La utilización de la palabra en
cuestión (corrijo, de la broma en cuestión, ya que en modo alguno tal engendro
puede adquirir la categoría y condición de palabra), pudiera ser acogida como de
muy mal gusto, dado que la cosa no es para tomársela a broma. Y es muy cierto.
La situación no está para bromas. Pero déjame explicar su por qué. Viendo uno los semblantes de los ¿90.000?
asistentes a las referidas manifestaciones (90.000 en toda España, eh), bueno,
tal vez algunos más porque a los tales hay que añadir aquellos otros que
ejercen la representación de los respectivos partidos políticos expresando de
esta manera su apoyo a las organizaciones sindicales, y algunos otros, pocos,
que creen en la buena fe de los convocantes, y que también de buena fe se suman
a ellos. Si no estuviese protegido por
la Constitución el derecho a la intimidad, y si pudiésemos ver las filmaciones
que con total certeza la tecnología disponible permite hacer, y se hace,
comprobaríamos que esos 90.000 y más, son siempre los mismos; y son los mismos
que no solamente cobran por un puesto de trabajo en las empresas sin trabajar
en ellas, los famosos “liberados”, sino que se empeñan sistemáticamente en
obstaculizar su desarrollo.
Esto que acabo de escribir
representa el añadido de nuevos leños para la hoguera en la que, seguro que no
pocos (desde luego espero que tú no), desearían ver como me consumo en ella como
justo castigo a mis contumaces herejías.
Pero no importa. Digo lo que digo, porque así lo veo. Y repito, viendo
tales semblantes, uno se pregunta ¿todos estos 90.000 y poco más, pretenden
solucionar los problemas que se derivan del desempleo y de la atonía económica?
O, ¿se han tomado un día de asueto en franca camaradería con sus colegas de
otras latitudes? Por su semblante, a mí
se me antoja que lo segundo. Pero esto
lo refiero solamente a las manifestaciones, eh, amigo lector; ya verás cómo la
cosa va a ser muy diferente en lo que se refiere a la huelga, de ahí que
humorísticamente uní en forma apocopada las palabras, estas sí, fiesta y huelga. Ya verás como las
van a gastar esos 90.000, por junto o por separado, el día 29. El semblante de fiesta desaparecerá, para dar
lugar a las ya tradicionales actividades extorsionadoras de la vida pública y
de los derechos individuales. Ya lo verás.
La lucha contra la afrenta es su
argumento. Y esa lucha la plantean quienes arguyendo la defensa de los derechos
de los trabajadores, no han sido capaces de contribuir en nada a la corrección
del dramático desempleo actual, con la sola excepción de mantener sus
privilegios y de aumentar el déficit público que, a la postre, hemos de pagar
todos, los sindicalistas y los no sindicalistas. Eso sí, solo aparecen cuando el gobierno
pertenece a una corriente política liberal-conservadora, y cuando éste parece
que comienza a animarse a reducir las jugosas subvenciones con las que se
financian sus privilegios. ¡Caray, cómo es que no nos dimos cuenta de que esa
es la madre del cordero! Ven amenazados
los presupuestos tan cuidadosamente nutridos por los gobiernos afines, y
entonces, como las aportaciones de sus afiliados no dan para mantenerse en las
mismas condiciones, organizan lo que organizan.
De defender los derechos de los trabajadores, nada de nada, son los
suyos particulares, sin duda.
Cuando uno lee lo escrito por
algún periodista generador de opinión de que no hay que demonizar a los
sindicatos, le invade una cierta perplejidad, porque no es necesario demonizarlos
¡se demonizan ellos solitos! No hay más que escuchar las indocumentadas
formulaciones de sus líderes, y ver como la única solución que aportan es un
intento de paralizar el país, tratando de mantener una situación completamente
insostenible. Y esto ya no parece una cuestión de ideología política, sino de
pura eficacia en aras de la misión
que un sindicato moderno debe cumplir (de existencia necesaria, por otra parte),
pero que desde luego no pasa por convertirse en un obstáculo para la
recuperación económica.
Justamente esa, la recuperación
económica, es la responsabilidad ineludible de cualquier gobierno responsable;
y cambiar modelos periclitados y afrontar soluciones aún a riesgo de
equivocarse, es en lo que nosotros desde aquí insistimos ¡Rajoy, haz lo que
tengas que hacer, y contra quien tengas que hacerlo! (el tuteo es
circunstancial, eh, no creas otra cosa). Asegurar el orden público el día 29,
los demás días también, y garantizar el acceso a los puestos de trabajo a
quienes quieran hacerlo, es una tarea que sí ayudaría a generar confianza. Y
retirar todas las subvenciones a los
sindicatos y a las organizaciones empresariales (y a partir de ahí hablamos),
también supondría ganar en confianza y caminar indefectiblemente al deseado
cambio de modelo de relaciones. No caigas en las trampas de quienes te ofrecen
diálogo, cuando lo que pretenden es no cambiar por medio del diálogo.
No me olvido de que estoy en
deuda con alguno de vosotros en cuanto a explicar mi posición sobre por qué no
considero que un abaratamiento del despido ha de conllevar un incremento del
desempleo. También debo más
consideraciones sobre el concepto de austeridad y su impacto positivo en el
desarrollo. Y, por supuesto, recuperaré el usted transitoriamente abandonado.
Salve.
1 comentario:
Tengo una curiosidad: ¿ el sindicato que dices debería existir seria vertical, no ?
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