Ajustes,
ajustes, ajustes … y más ajustes, es la
eterna cantinela que desde las instancias financieras internacionales se le
continúa exigiendo a España. Este servidor de usted es de los convencidos de la
necesidad de continuar con tal proceso, pero no en el sentido que suelen darle
la mayoría de los analistas políticos y, a lo que se viene viendo, tampoco el
propio Gobierno de la nación, debido a su falta de acierto en las medidas
adoptadas hasta ahora, salvo algunas excepciones. Usted, lector amigo, conoce
perfectamente en dónde radica la falta de acierto que mi otro e incorpóreo “yo”
le atribuimos; de manera que una vez más, y le aseguro que no habrá de ser la
última, voy a insistir en ello, no para convencerle a usted, que no pretendo
convencerle de nada, sino para ver si de una vez por todas, ante la seguridad
de ser leído por distinguidos miembros de los diferentes niveles de gobierno de
España, se decidieran a emprender las verdaderas medidas de ajuste que otros
nos reclaman.
¿Qué
es lo que nos reclaman? ¿Reforma laboral? Tal cosa quiere decir que lo que
hasta ahora se ha hecho no es suficiente; y quiere decir, por consiguiente, que
habrá que hacer más; si esto es así, y lo es, a nosotros nos reafirma en lo que
ya hemos expuesto: que los tragos, cuando son desagradables, hay que hacerlos
de una vez y por todas, sin andar mareando la perdiz: ahora reformo un poquito,
mañana otro poco más … ¿cómo se va a generar confianza así?
Hace
tiempo que se viene dudando de nuestro sistema financiero; pues en vez de haberlo
abordado de una buena vez, vamos destapando poco a poco los desastres de las
cajas de ahorros, lo escandaloso de unas fusiones que nunca se debieran de
haber producido, y la aparente, al menos por el momento, impunidad de los
gestores en cuyo paquete hay necesariamente que incluir al responsable del ente
regulador ¿Banco de España se llama? Ahora, tarde, mal y arrastro, nos conceden
un préstamo, no a las entidades tóxicas por la certeza de que no lo van a poder
devolver, sino al Estado, con lo que ya sabe que usted y estos servidores
habremos de pagarlo. La confianza tiene un precio, tanto más alto cuanto se
parte de mucha desconfianza (en el supuesto caso de que ambas pudieran medirse
cuantitativamente, claro; pero se miden ¡vaya si se hace!) ¿Cuánto dinero del
contribuyente se lleva “metido” en tapar, y disfrazar balances? Y ¿a quién se va
a atribuir responsabilidades?
Nos
piden recortes en el salario de los funcionarios. Pues mire, lector, no me lo
creo. Lo que nos piden es que el factor coste de los funcionarios se reduzca,
pero a nuestros gobernantes, o no saben lo que eso significa (grave
ignorancia), o no aparentan saberlo porque así les conviene. Lo que nos piden
es que reduzcamos sensiblemente el número también escandaloso de funcionarios;
lo que cada uno perciba de salario sólo les importa relativamente, y a efectos
comparativos entre países. A este servidor de usted, desde luego, lo que
verdaderamente le importa es que el Estado disponga de buenos servidores públicos,
razonablemente retribuídos, no en el excesivo número de ellos que ahora estamos
padeciendo. Y es en el exceso en donde radica el mal, con las consiguientes
ineficiencias, etc. etc., que usted ya sabe. Y nosotros nos estamos refiriendo
a los funcionarios de carácter administrativo, y a su eficiencia, dejando a un
lado, hoy, al resto.
Recortes,
ya que no ajustes, han de producirse también de una buena vez, en la supresión
de TODAS las subvenciones inútiles a partidos políticos, sindicatos,
organizaciones empresariales, y tantas y tantas organizaciones -¡Jesús, qué
manía!- que pululan, y sobreviven, gracias a los dineros de los contribuyentes,
que les fluyen desde todas las instancias públicas que manejen presupuestos de
igual naturaleza. Han de financiarse exclusivamente por las aportaciones
directas de sus beneficiarios. En cuanto se hiciera así, ya veríamos el grado
de incremento en la confianza, se lo aseguro.
Al igual que veríamos cómo aumenta la confianza si se llegase a igualar
el número de cargos de naturaleza política, reduciéndolo a una comparativa proporcionalidad
con otros países que consideran suficiente con los que tienen. De ser ciertas
las afirmaciones de un reciente estudio sobre el particular, España viene a
tener como ¡¡¡el doble!!! de los que tiene Alemania. La denostada Alemania por
sus políticas de austeridad. Sí, sí, austera, pero funcionando. Seguro que no
se dejaron aconsejar en su momento por determinados premiecillos nobel, porque
sino …
Habría
muchas más grandes áreas a las que nos podríamos referir, pero si se trata de
ganar la confianza de nuestros socios, y de nuestros financiadores ¿qué cosa
mejor que, además de lo apuntado, luchar eficientemente contra el fraude, la
corrupción, la evasión de capitales, la deshonestidad y falta de transparencia jurídicas
…? Pero no sólo decirlo, como tantas veces con la boca pequeña, si no elevarlo
a medidas concretas y explicarlas con total claridad.
Lector,
pero sobre todo amigos gobernantes, de esta manera, les aseguro que no habría
que plantearse recortes en ninguno de los servicios sociales de los que
disfrutamos, ni en la sanidad, ni en la educación. Aparte, claro está y no me
olvido, de la eliminación de las numerosas ineficiencias, y malos hábitos
rutinarios que se vienen padeciendo, y del establecimiento de medidas
paliativas del coste que, en tanto que no se corrige la situación, es
imprescindible acometer. También les aseguro que si esto se hace, habrá
recursos disponibles para ser empleados en políticas de fomento y de
recuperación económica. Y el crédito exterior volverá a fluir, pero no para
seguir gastándolo en forma improductiva, sino para acometer proyectos
generadores de riqueza y de capacidad de devolución. Me parece que no hace
falta ser Premio Nobel para asegurar estas cosas, aunque si, como fue el caso
muy reciente de Valencia, algunos lo dicen acompañando a nuestro Don Santiago
Grissolía, mejor que mejor.
A
modo de epílogo de esta ATALAYA: señores rectores de las universidades
españolas, cualesquiera que hubieran sido las circunstancias, ustedes no tienen
el menor derecho a plantar al ministro; con ello sólo han conseguido dar una
prueba de su mala educación. Señor ministro, algo ha fallado en usted que debe
corregir inmediatamente; seguramente su estrategia informativa; como casi
siempre. Piénselo bien, el uno y los otros: el mejor futuro de España depende
de la calidad y eficiencia (¿saben lo que es eso?), de su sistema
universitario, aunque también de los estadios anteriores. Que no les quepa
ninguna duda. Y esa es su responsabilidad.
Salve,
amigos míos.
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