Sí,
amigo mío ¿qué hacer ahora? Ahora que ya se nos habilita en Europa la
astronómica cifra de hasta cien mil millones de Euros con la que se pretende
sanear las cuentas de nuestras (bueno, lo de nuestras es un decir ¿no?),
instituciones financieras, a este servidor de usted le surge tal interrogante;
interrogante dubitativo, porque estos dos amigos suyos, ya sabe, mi impenitente
y nunca olvidado “otroyó”, no estamos nada, pero que nada seguros de que tal
inyección de fondos vaya a tener efecto en la esperada, ansiada y necesitada,
disponibilidad de dinero para el financiamiento de empresas y familias, o, lo
que es lo mismo, reactivación de la economía, por la vía del renacimiento de
proyectos empresariales y de la recuperación del consumo, factores ambos clave
de la progresiva actividad económica y el crecimiento. Ojalá estemos
equivocados, y el Gobierno sepa dar cumplida y satisfactoria respuesta a este
interrogante.
Dicho
ésto, debo apuntar esta solución en el haber del Gobierno que ha sabido
trasladar convenientemente este caso a los miembros del EuroGrupo, en contra de
las manifestaciones escuchadas en las últimas horas por el partido de los
socialistas y sus adláteres, que no saben lo que hacer para que España vaya
peor; eso sí, atribuyéndole al gobierno y al partido que le sustenta, tales
aviesas intenciones. Resultan patéticas algunas argumentaciones en las que se
falsea la realidad de la solución. Me voy a remitir a las verdaderas,
pronunciadas por el vicepresidente de la Comisión Europea, asegurando que la
fórmula no condiciona ninguna otra acción que no sea aquella para la que se
establece: el saneamiento de las entidades financieras que lo precisen; y que
además se vigilará su correcta aplicación. Y nada más. Ni nada menos.
Pero
¿Por qué no estamos nada seguros? Para empezar, desearía que se nos aclarase cuál
es la cifra real necesaria, sin más ocultaciones, ni dilaciones ¿Realmente se
conoce en la Central de Balances del Banco de España, la cifra real de los
activos tóxicos y otros activos contaminados, amén de las pérdidas directamente
atribuídas a apropiaciones indebidas, malversaciones, etc… de las que con cuentagotas vamos
enterándonos? Si el Banco de España era
conocedor de ello ¿desde cuándo?; y si era conocedor de ello ¿por qué no se
tomaron medidas a tiempo? Si era conocedor de ello, es por tanto cómplice y
corresponsable de las repercusiones civiles y penales que, desde esta humilde
“atalaya”, exijo que se incoen, de inmediato.
Nada
puede quedar impune. Pero, debo
autocorregirme, no es al Banco de España a quien se deba procesar, lo es a sus
gestores y a quienes desde cualquier instancia política o financiera hubiesen
tomado parte en la ocultación de la realidad. Nadie debe quedar impune. Y si no
conocían la situación ¿para qué hemos estado pagando sus sueldos a semejante
hato de incompetentes? Pero no sólo se les ha estado pagando, sino que se van
con sus indemnizaciones y jubilaciones multimillonarias, sin que, al menos por
el momento, les pase absolutamente nada. Exijo que se incoen responsabilidades,
de inmediato, a todos
¿Y
ahora, qué va a pasar con Bankia y con los otros casos, que los hay? Exijo que
se incoen las pertinentes responsabilidades, de inmediato. De no hacerlo,
volveremos a caer en la habitual ausencia de moral, a la que parece como si nos
hubiésemos acostumbrado, y considerado normal vivir en ella. Cualquier
dilación, y no digamos omisión, en la toma de acciones conducentes a la
depuración de las distintas responsabilidades, nos impedirá recuperar como país
el grado de confianza que estamos reclamando ¿No cree usted que la confianza
como mejor se gana es a través de la honestidad, la trasparencia y la
austeridad? Quien diga lo contrario miente, ya sea por ignorancia, ya sea por
connivencia.
Y
a pesar de lo que se diga, y pese a quien lo diga (aunque premios nobel fueran)
–lector, sigue el Krugmann ese incordiando y un periódico español actuando de
acólito, enredando con sus ocurrencias, y complicando con ellas la salida de la
crisis. Quiero creer que su descrédito es ya tan grande que poco falta para que
nadie les haga caso, ni al uno, ni al otro. Oiga, menos mal que ahora el
presidente de los Estados Unidos acaba de decir a los europeos que las medidas
de austeridad (reconocimiento implícito de su necesidad), han de complementarse
con las de fomento del desarrollo ¡Ajá! Nada más deseable. Seguramente que si
no tuviese ya un Premio Nobel a sus espaldas, enseguida lo propondrían para
otro. Y algunos … esperándolo sin esperanza.
Y
hablando de esperanza, es la que tengo de que el sistema judicial responda, de
una vez por todas, con la altura que exige de toda circunstancia. Es también
una esperanza con no excesiva convicción porque entre jueces estrella, que más
bien se estrellan y obscurecen el trabajo callado y eficiente de los más, y
fiscales que no actúan cuando deben y lo hacen cuando no, el descrédito ante
los ciudadanos crece cada día. Voy a compartir con usted, y con brevedad, dos
casos. Uno, la sentencia absolutoria al Sr. Krahe, y el otro, la desestimación
del recurso por falsedad de testimonio de dos supuestas víctimas del atentando
del 11M de 2004. Y me explico.
No
conozco al Sr. Krahe, jamás he escuchado, conscientemente al menos, ninguna de
sus canciones, ni sé si es buena o mala persona (calificación aleatoria según
criterios en los que no voy a profundizar), ni tampoco voy a entrar en si
merece ser absuelto o condenado, pero que el señor juez valore la “no
intencionalidad de ofender” del acusado me parece de lo más esperpéntico ¿Desde
cuándo un tribunal juzga intenciones y no los hechos causales? Por otra parte,
si este señor es tan creativo ¿es que no tenía otro campo para desarrollar su
creatividad que “cocinar un Cristo”? ¿Cómo se juzgaría si la ocurrente
creatividad tomase como objeto a Mahoma, Buda o cualquier otro maestro
religioso. Estamos siempre en las mismas: ataques a los cristianos, y si son
católicos mucho mejor, porque se sabe muy bien dos cosas: que hará reir a la
progresía, y que no tendrá ninguna consecuencia para la integridad física de
los autores. Más que nunca, este servidor de usted se proclama liberal y
católico (como vengo sosteniendo reiteradamente), pero también más que nunca
católico antes que liberal. O tal vez, liberal precisamente por ser católico
¿qué cree usted, amigo mío?
El
otro caso, me suscita enorme intranquilidad aderezada por una a su vez enorme
inseguridad en lo jurídico ¿Cómo es posible que ante probada falsedad en
testimonio no se reabra un proceso judicial? ¿Cómo es posible, añado, que no se
reabra un proceso judicial existiendo evidencias de ocultación de pruebas? Pues esto es lo que está tratando de impedir
el señor Fiscal General del Estado, para el que pido, Sr. Rajoy, le exijo, de
verdad y sin paños calientes, su destitución inmediata. La intranquilidad me la
produce el temor de que se esté protegiendo a quienes manipularon la
información y todo el proceso judicial del atentado. Y la inseguridad, el hecho
de que las instancias jurisdiccionales se conviertan en instrumento de tal protección.
Si yo tuviera razón, y la tengo ¿qué esperanza nos queda? ¿Qué hacer?
Salve
por hoy, mi querido lector.
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