La
vigilancia a la que me he propuesto someter todas las decisiones que se tomen
en materia terrorista, me lleva a ejercerla de forma muy especial con el Plan Integral de Reinserción elaborado
por el Ministerio del Interior, y de cuyas primeras acciones nos vamos enterando
ya. Y son las acciones las que de verdad alimentan los temores, aunque ya
muchas partes del texto eran más que suficientes para su rechazo, comenzando
por algunas piezas gramaticales (mi alter ego, del que me estoy dando cuenta
que lo menciono poco últimamente, pero que le aseguro que no deja de darme la
lata, me suelta ¡¡¡pero qué manía te ha dado ahora por la gramática, hombre!!!).
Pues claro, fíjese usted en la joya: “… el penado que otorga el perdón tiene
que ser el autor …” ¿Desde cuándo es el penado el
que otorga el perdón? Y se buscan
figuras retóricas como “… la reparación victimológica no debe considerarse un cuerpo extraño en el tratamiento penitenciario ...”,
en la que se inserta la palabreja que le señalo en rojo. ¡Y yo que creía ser el más imaginativo en ese
campo! Pues ya vemos que no. Con lo sencillo que sería resaltar la
obligatoriedad de reparación a las víctimas.
También se dice “… suplir las posibles
carencias con las que el recluso ingresa en prisión …”. Menos mal que no se indican eventuales, y muy
posibles, carencias vitamínicas, y se remite a la procura de actividades de
carácter intelectual. Hombre, en eso sí que podría estar de acuerdo, porque ya
se ve que un gran nivel no tienen, no, y hasta encuentro loable intentar
mejorarlo. Pero ¿no hemos visto que no sólo se les han venido facilitando
medios para el estudio, por cierto, al igual que a los demás reclusos, sino que
hasta han obtenido titulaciones universitarias?
Las malas lenguas, que haber haylas, venían diciendo que hasta
regalados. Si, realmente a eso sí que se le podría llamar “suplir carencias”; a
mi “yo” y a mí nos gustaría que algún alma caritativa supliese las nuestras,
aunque dudo mucho que esa cuestión se pudiese resolver con la obtención de un
título universitario, porque dependerá de algún que otro factor adicional ¿no
cree usted?
Se celebrarán talleres, ante cuya sola mención el Lehendakari
López y los nacionalistas enloquecen de alegría, en los que someter a debate,
dicen, las mejores prácticas penitenciarias y todo lo demás, alentando la
participación en ellos de significadas “figuras” terroristas, aunque, eso sí,
seleccionadas de entre los arrepentidos o desvinculados de la banda. Y además,
a celebrar en su mayoría en el País Vasco. Bueno, uno se pone a temblar sólo
por el simple hecho de esta alegría conjunta de socialistas y nacionalistas. Algo cuecen. ¿Se lo apunto? Nada difícil, amigo mío; acercamiento (ya ha
comenzado bajo diversas causas); libertades condicionales (también); reducción
de penas; publicidad internacional para que se diga lo bien que se portan los
terroristas, y lo terrorista que es el Estado, opresor y vil; justificación de
la lucha armada (eufemismo del que ya nos deberíamos de sentir hastiados), en
defensa de la libertad del pueblo vasco.
Seguro que usted está en condiciones de alargar la lista.
Pero la guinda está en los encuentros, cara a cara
asesino y sus víctimas. Claro, siempre que las víctimas lo aceptasen. ¿Habrase
visto estulticia mayor? ¿Cómo se puede
alentar que las víctimas se reúnan con los asesinos de sus deudos? Amigo mío, uno se atreve a suponer que lo que
las víctimas desean es no ver NUNCA MAS la cara de los asesinos, y que cumplan
íntegramente las condenas que les hubieren correspondido. ¿Cómo se les puede
colocar ante la violencia moral que les supondrá tal careo y hacer depender de
ello la libertad de los asesinos? Seguro
estoy de que todas sentirán una alegría enorme por los arrepentimientos que se
produzcan, y aún más por las peticiones particulares de perdón que se les
hagan, y que muchos aceptarán sin dificultad o tapándose la nariz como con el
aceite de ricino. Pero no se debe condicionar
el perdón a que vivan la experiencia de contemplar personalmente lo que en la
mayoría de los casos no será otra cosa que una muestra del cinismo en el que se
escudan los terroristas.
Más cosas iremos descubriendo porque esto no parará aquí,
se lo aseguro, y motivos nos darán para reflexionar juntos sobre ello, porque
si no hubiese nada más, por favor, respóndame a la pregunta de ¿para qué sería
necesario un plan como éste, si todo lo que contempla está ya en las leyes
vigentes, y en los procedimientos jurisdiccionales y penitenciarios? Desde aquí, y por el simple hecho de creerse
que somos tontos, pido la dimisión inmediata del Sr. Ministro de Interior,
junto con todo el equipo de asesores que han diseñado este bodrio de plan. Y
para que no quede ninguna sombra de duda, afirmo lo que afirmo sin ningún
espíritu de venganza contra nada ni contra nadie, porque no tengo razones para
sentirlo; no soy víctima, no me siento acosado …, sólo por DIGNIDAD. Las
víctimas lo merecen, y nosotros también.
Salve.
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