Al final me animé a compartir con
usted, lector amigo, una reflexión más antes de la, para mí entrañablemente
gozosa, celebración de la Navidad. Y aprovecho, a modo de indicativo
paréntesis, la oportunidad para dejar constancia de mi felicitación a D.
Mariano Rajoy por su toma de posesión como Presidente del Gobierno de España, y
por la composición del Gobierno mismo, de cuya mayoría de miembros tengo
excelente opinión, y a los que deseo el acierto en el cumplimiento de sus
responsabilidades, en la confianza que en este momento merecen, y que en este
articulista despiertan, conocedor de que todos ellos poseen las capacidades
necesarias (esperemos que también las suficientes), para conseguir las respuestas
que nuestra sociedad está demandando.
Pero volvamos a lo que indica el
título de la presente atalaya, cual es el de seguir hablando de
austeridad. La austeridad como principio
que debe presidir toda acción de gobierno, y sobre todo en la administración de
los asuntos e intereses (cosa) públicos. Y me repetiré todas las veces que haga
falta, aunque haya quien lo diga en sentido contrario. La austeridad y su relación con los
necesarios recortes, podríamos decir mejor reformas,
que requiere la situación actual. Los
recortes va a ser imprescindible abordarlos para no volver a caer en las situaciones
de mal gasto y despilfarros precedentes. Y habrán de hacerse recortes, amigo
mío; para empezar en todas aquellas asignaciones a entidades, ya sean públicas,
ya privadas, a las que se les ha nutrido de fondos públicos para hacer cosas
para las cuales el cuerpo funcionarial está más que capacitado (y si no lo
estuviera capacítesele). ¿Ve usted por dónde voy? Pues por la optimización del recurso
disponible más valioso que posee la administración del Estado: sus
funcionarios.
La jerarquía política de gobierno
tiene la obligación de estimular, motivar y utilizar, también naturalmente la
de exigir y controlar, el trabajo eficiente de los funcionarios que, seguro, la
inmensa mayoría de ellos desean que sus competencias sean aplicadas al máximo
en beneficio de todo el país. Y ¡a trabajar!
Los que no quieran, ya lo saben … o deberían saberlo. Esto, a su servidor le sirve para cualquier
tarea que se emprenda desde las estructuras administrativas del Estado: las
sanitarias, las educativas, las de cualquier otra índole desde las que se
presten servicios a los ciudadanos. Si
se hace con rigor, y todos y cada uno de los implicados en el proceso dan de sí
lo mejor, sin escatimar la entrega, no es difícil deducir que se producirá una
elevación considerable de la eficiencia, y por lo tanto una mejora en la
productividad del sector público, y por ende mayor satisfacción de quienes
demandan servicios y pagan sus impuestos. ¿Se puede predecir una reducción en
el número de funcionarios? Sí, o no, depende. Pudiera ocurrir que bastase una
reasignación de competencias y funciones. Y si alguno sobrase, pues … también ya se sabe.
Otros sectores de la sociedad,
especialmente aquellos que desarrollan actividades privadas, ya han
experimentado su particular reasignación, llevando a cabo los ajustes y
reformas necesarias para adaptarse a situaciones cambiantes, o de dificultades,
como las actuales. ¿De dónde salen sino el elevadísimo número de desempleados? Lector, es preferible incrementar
transitoriamente el desempleo, si ello fuese la consecuencia de ajustes en el
sector público, para ganar calidad y competitividad. Después, con el incremento de la actividad
económica que, a su vez es demandante de servicios públicos, se iría
produciendo (se tiene que producir), el rescate del empleo. Pero en su
transcurso se habrían eliminado del proceso todos los elementos improductivos y
perniciosos del sistema.
Los empresarios y dirigentes
empresariales conocen muy bien las técnicas para determinar cuáles son los
recursos necesarios: materiales, humanos y financieros, que permitan sostener
todo aquello que NO PUEDE, NI DEBE, ser reducido, ni en tamaño, ni en calidad,
so pena de conculcar la misión y visión de su proyecto ¿Cree usted lector que
una clara y decidida orientación política a la que se sumasen las competencias
profesionales de nuestros funcionarios no sería capaz de efectuar un
diagnóstico de tal naturaleza? De hacerlo, y de cumplirlo naturalmente. Y los que no pudieran, o no quisieran, ya
saben … a reasignarse. Y ésto, sostengo
que ha de ser así pese a quien pese, premios nobeles o sindicatos incluídos,
que también han de abordar su … digamos, reasignación.
Con confianza y con salud. ¡Salve, lector!
2 comentarios:
He estado leyendo varios de tus publicaciones. Y, aunque de acuerdo en muchas cosas puntuales, creo que discrepo mucho sobre todo en cuanto a la 'visión' a partir de la que llegas a esas cosas.
Voy con un ejemplo para explicarme:
Yo voy a un médico chino que me trata con agujas y acupuntura. A partir de su visión (del ser humano como un todo y en un entorno) y de las indicaciones que ve en mi cuerpo (pulso leído con tres dedos, color, forma, aspecto ... de la lengua, ojos, ... todo eso chequea en un momentito) decide los puntos en los que poner las agujas.
Si haces acupuntura con un médico occidental que aprendió acupuntura, este médico tiene una 'visión' distinta del paciente y de su salud. Y pondrá las agujas buscando paliar los síntomas que el paciente indique tener.
Y aunque algunas agujas puedan ser coincidentes entre uno y otro médico (tal podría ser el caso de lo que comentas y en lo que estoy de acuerdo contigo) su 'visión' del paciente y su salud es muy, muy diferente.
En cuanto a medicina, me gusta mucho mas la 'visión' del médico chino. Me parece más sabia pues no se queda sólo con los síntomas de este momento concreto. Y busca una solución que sirva también 'a largo plazo'.
El médico occidental tiene una 'visión' mucho más miope. Sólo se está centrando en los síntomas que 'en este preciso momento' presenta el paciente. Como la 'visión' es así de corta, la solución que aplica es igualmente así de corta.
Volviendo a lo que escribes:
Creo que tu 'visión' se basa en el análisis del entorno que tenemos 'ahora'.
Pero ahora estamos en un momento de cambio tan grande que, para poder ver algo similar, tenemos que pensar en la revolución de la agricultura (donde el ser humano pasa de nómada a crear sociedades rurales autosuficientes) y que dura 10000 años. Ahora estamos en otra revolución de igual calado (la de la información) con la diferencia de que durará menos de 100 años. Nuestra generación habrá nacido antes y morirá después. Hace falta un gran esfuerzo para ir intentando imaginar los cambios que esta revolución está creando en la sociedad. Y, por supuesto, todo lo vivido en nuestras vidas (dentro de la sociedad industrial) nos vale muy poco para esta nueva sociedad que se está creando.
Puedes visitar mi página en http://sites.google.com/site/xuliofh/ ->Conferencias
Ah! Y Feliz Navidad! que esta noche ya es Nochebuena :-)
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