Austeridad. Sí, de austeridad y su relación con los recortes que se avecinan, lector amigo,
y sobre los que intuyo que usted se siente tan preocupado como este servidor de
usted. Pero déjeme compartir nuevas reflexiones a partir del principio de
austeridad que he defendido, y sigo defendiendo, seguramente con más vehemencia
que acierto. Pero no me rindo, y cada día que pasa percibo con mayor certeza
que es a partir de la austeridad como se construyen sólidas expectativas de
futuro; y eso, pese a los premios nobeles que pese.
Se preguntará usted por qué
relaciono la austeridad con los recortes; y al igual que usted, pero en sentido
contrario, fruto de mi permanente conflicto interno, también me pregunto ¿por
qué la austeridad ha de llevar aparejados recortes? Y si los ha de llevar
¿cuáles éstos han de ser, y cuáles no?
Pues bien, los recortes, y no
sólo los recortes, sino la desaparición
total de lo superfluo, de lo suntuario, de lo redundante y de lo ineficiente,
ha de ser abordado en todo aquello que represente recurso administrado por los
poderes públicos, porque su sostenimiento de forma indefinida en el tiempo
representa una substracción trascendental de aquellos que, obtenidos a partir
de la contribución fiscal de los ciudadanos, deben ser utilizados en el
sostenimiento y en la mejora de los servicios a los que con carácter universal
la ciudadanía tiene derecho, porque para eso pagamos impuestos, y no para
alimentar estructuras de gasto, útiles solamente para aquellos que no
contribuyen ni a la generación de riqueza ni a la mejora de nuestra calidad de
vida; en definitiva ¡parásitos!
Estoy seguro de que tiene usted
in mente las mismas estructuras a las que este servidor quiere aludir (seguro que
me habrá de pedir que las cite; y en algún momento le complaceré, tal vez
aunque no me lo pida), y también de lo mucho que le alegraría ir comprobando su
progresiva y sistemática reducción de tamaño y, según los casos, hasta su desaparición. Tengo la sensación, y expertos economistas y
gentes de cálculo riguroso así lo van atestiguando, que en tales rubros está la
bolsa que, en plazo razonable, no sólo solucionaría los problemas del déficit y
de la deuda, sino que permitiría reforzar aquellos otros que forman parte de
nuestras preocupaciones cotidianas.
Pero es que, además, y
precisamente en los rubros que afectan a tales preocupaciones cotidianas, cuya
atención es imprescindible no desatender, no son necesarios recortes, sino una más
que probable reasignación de los recursos y una extremada y diligente
vigilancia sobre su eficiencia. Este comentario tiene que ver muy especialmente
con la salud y con la educación.
No nos podemos permitir más
ineficiencias, ni en centros de salud, ni en hospitales, ni en consumos incontrolados
por parte de los profesionales, que los hay, ni por parte de los beneficiarios,
que también los hay y considerables. Con la superación de las ineficiencias,
esté usted seguro como yo lo estoy, lector, de que habría recursos bastantes,
financieros y profesionales, para reforzar aquellos servicios en los que
hubiese patentes debilidades. Nos
jugamos aquí la calidad de la atención sanitaria y social de las futuras
generaciones, que tienen el mismo derecho que las actuales a los beneficios ya
logrados. Eso, cuando menos.
Ya sé que usted espera ahora que
me refiera a la educación. Pues permítame jugar un poco con su ansiedad, porque
no lo voy a hacer ahora mismo. La
educación constituye para mí el pilar básico del progreso de nuestra sociedad,
y ni mi conflictivo y contradictorio otro yo, podemos “despacharlo” con un
simple párrafo adornado con los tópicos al uso. De manera que en otra Atalaya
escribiré para los dos sucesivas reflexiones sobre el particular.
Lo que sí haré, ahora, a modo de
coda, y motivado por la decisión del Reino Unido de no sumarse a las nuevas
políticas fiscales de la Unión Europea, es afirmar que, aún comprendiendo las
razones (somos capaces de comprender bastantes razones), con las que su primer
ministro cree defender los intereses británicos, la solución a los problemas
que padece Europa se arreglarán con más
Europa, más armonización fiscal, más integración democrática y de
autoidentificación. Y no nos deben preocupar determinadas pausas y obstáculos,
porque el camino ha de ser irreversible;
la historia así nos lo exige. También sobre ésto habremos de volver.
Salve, amigo lector
No hay comentarios:
Publicar un comentario