Segunda parte y continuación de la anterior atalaya, en la que nos habíamos quedado con alusiones a la iglesia vasca, y que ahora nos permitimos concretar. La enorme diferencia entre Monseñor Setién y sus servidores de usted, consiste en que así como el jubilado monseñor dice no conectar con la Cope a las 14 horas, nosotros sí que leemos y escuchamos sus desvaríos espirituales e intelectuales con los que nos obsequia desde su retiro. Lo mismo nos sucede con Monseñor Uriarte, que pretende con su aparente “buenismo” que los medios de comunicación, claro, aquellos que no le gustan, no hagan llegar a los ciudadanos la cruda realidad de los hechos, y que el endurecimiento de los partidos políticos -¿de cuáles, y en qué dirección se produce tal endurecimiento?- representa un “golpe a la esperanza”, bajo un pretendido impacto negativo en la moralidad colectiva. ¡Hombre, Monseñor, con el mayor de los respetos por su dignidad personal y eclesiástica, si lo que conviene a la salud democrática es justo lo contrario! La firmeza en los valores.
La firmeza, democrática eso sí, realmente representa un golpe a la esperanza, pero a la esperanza de los asesinos, nunca a la de las personas de bien ¿Qué pretende Monseñor, que no conociendo la realidad tal cual ella es, nos desentendamos de tales problemas y éstos pasen a formar parte solamente de nuestro inconsciente? ¿En qué país de las maravillas nos quiere hacer vivir? Nuevamente, en las ensoñaciones nacionalistas, claro, y con la connivencia de la elite burocrática socialista que actualmente gobierna el partido, y que, de una forma tan lamentable, en sociedad con los nacionalistas, conducen los asuntos de España.
Al contrario de lo que ha manifestado uno de los conspícuos componentes de esa elite-burocrático-socialista, citada en otras de nuestras reflexiones, estos servidores que con usted desean compartir sus cuitas, animan a los socialistas de razón y de corazón a que retiren del ejercicio de responsabilidades políticas a tales dirigentes por su contumaz mendacidad e incompetencia. Hablan de crispación, de confrontación permanente y de no sé cuantas cosas más, metiendo el dedo en el ojo ajeno y atribuyéndoselo después al rival, al rival político, claro. Ahora hablan de tensión. Lo que tantas veces hemos dicho desde otras páginas y que quisiéramos ver hecho realidad: la hora de que tantos y tantos socialistas como en España hay, honestos, inteligentes, conscientes de la responsabilidad que comparten con los demás ciudadanos de preservar la igualdad de derechos, el respeto por las leyes, la convivencia pacífica y el bienestar, promuevan una catarsis que permita el establecimiento de un gran proyecto común, y, de paso, el Parlamento recupere la Grandeza que hace poco reclamaba su saliente presidente. Lo mismo, exactamente lo mismo, pensamos de muchísimos de los que militan en las filas del nacionalismo. Conociendo a muchos de ellos, siempre nos ha resultado sorprendente su tolerancia, y hasta complicidad, con lo irracional de sus elites, cuando no con las actividades paranoicas de las bestias.
Con los mimbres actuales no es posible fabricar el cesto de la Grandeza parlamentaria. Hemos escuchado y leído la valoración de la legislatura efectuada por el portavoz de los socialistas, calificándola, en un alarde de entre cinismo y desfachatez, como la “más brillante” de la historia democrática de España. Sí. Está en lo cierto. La más brillante en despropósitos e incompetencias, en crispaciones y en banalidades y en el disfraz permanente de la verdad; es decir, lo más alejado de la Grandeza. ¿Cree el señor presidente dimisionario del Congreso de los diputados, que quienes así se han comportado, son merecedores de una nueva oportunidad? ¿Cree el señor presidente, en su demostrada ingenuidad –ingenuidad y bondad que no sentimos el menor empacho en reconocer- que quienes se han distinguido por utilizar a su comodidad la permanente tergiversación de hechos y situaciones, ocultación de sus intenciones y la descalificación constante de los democráticamente discrepantes, merecen una una nueva oportunidad y esperar de ellos una actuación con la Grandeza que usted reclama? No está hecha la miel para la boca del asno. Y una cantidad enorme de asnos ocupan los escaños de nuestro actual Parlamento, de manera que si por la decisión de nuestros electores, al nuevo Parlamento accedieran los mismos de ahora, les resultará muy fácil a ustedes, dimisionario presidente y lector amigo, imaginarse el resultado. En todo caso, a nosotros estos sus servidores, y emulando al más famoso personaje de Edmon Rostand “…todo nos lo podrán quitar menos el Sello de nuestra Grandeza”. La grandeza de no ser políticamente correctos en la defensa de nuestros universales valores.
Nos parece importante tener en cuenta estas y otras consideraciones a la hora de decidir en quiénes vamos a depositar nuestra confianza en las urnas.
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